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{CULTURA / LIBROS}

'Al escribir me gusta provocar curiosidad y crear misterio'

Verónica García Peña publica 'De cómo Feliciano San Feliz quiso matar a sus vecinos’

Verónica García Peña es periodista y escritora. ‘De cómo Feliciano San Feliz quiso matar a sus vecinos’ es su segunda novela, tras ‘Bendita Palabra’. Ahora se ha sumergido en el complicado género del humor para narrar las aventuras y desventuras de Feliciano San Feliz, un escritor que decido acabar con sus vecinos. Acompaña la historia de un tono de cuento de los de siempre –además de mucha ironía y cierto sarcasmo-, al tiempo que vierte pinceladas de la devoción que la autora siente por provocar curiosidad y misterio. ¿Conseguirá Feliciano San Feliz matar a sus vecinos? ¿Y si lo hace, cómo lo hace?.../Javi Muro


Spoonful.- ‘De cómo Feliciano San Feliz quiso matar a sus vecinos’ es tu segunda novela, ¿es la segunda más complicada que la primera?

Sí. Sí porque la primera es con la que te das a conocer a la gente, y ese género literario con el que comienzas es el que muchos lectores van a identificarlo con el que te vas a dedicar. Yo empecé con ‘Bendita Palaba’, que es novela negra, y ahora publicar ésta, que es de humor, me daba muchísimo miedo. Pensaba que iba a haber un tanto por ciento de los lectores que leyeron la anterior que quizá con ésta no se atrevan o que la lean y se decepcionen porque no tenga nada que ver con la primera. Sí que es humor negro, pero no tiene nada que ver. La comparación es lo que más miedo te da. Además, es cierto que la segunda novela genera cierto temor porque siempre estás pensando en la anterior. Te sientes de alguna manera… -largo silencio-, cautivo. Es decir, si la primera ha funcionado, si ha recibido buenas críticas, el cambiar crea cierto temor. Y luego está el miedo a lo desconocido, que es algo normal.


S.- Además, te adentras en el terreno del humor…

Claro, es que el humor es muy particular; es complicado de construir, es difícil hacer que los demás se rían. Mi humor y el de los lectores no tienen porqué ser el mismo. En un novela negra existen una serie de condicionantes –muertes, asesinatos, investigaciones- que sabes que existe un público al que le gusta esa literatura, con el humor es muy diferente.


S.- Y le sumamos la presión de que ‘Bendita Palabra’ le gustó a los lectores…

Sí. Siempre tienes esa presión de que tu segunda novela sea más floja. Puedes llegar a pensar que en la primera, por serlo, le has puesto mucho ahínco y que en la segunda puedes llegar a relajarte. Creo que no ha sido así. Siempre que escribo lo hago con muchísima intensidad, pero sí es cierto que las buenas críticas de ‘Bendita Palabra’ te crean cierta presión. Además, es que incluso el lenguaje de una novela de humor es muy diferente al que emplearías en cualquier otro género. Es, desde mi punto de vista, mucho más complejo. Es un lenguaje mucho más elaborado. Parecerá increíble, pero ‘De cómo Feliciano San Feliz quiso matar a sus vecinos’ me costó escribirla, aunque sea más corta, más tiempo que la anterior.


S.- ¿Y qué cuentas en ‘De cómo Feliciano San Feliz quiso matar a sus vecinos’?

Es una novela que habla de la convivencia, de la vecindad. Feliciano San Feliz es un hombre normal, como podemos ser cualquiera de nosotros. Se dedica a escribir y en un momento dado decide trasladarse a una urbanización que, en principio, le parece maravillosa. Allí inicia su nueva vida y pronto aparecen sus vecinos de al lado y lo que parecía un lugar extraordinario para escribir se convierte en un auténtico infierno. Decide que si quiere trabajar en paz, escribir sus novelas y disfrutar de su vida tiene que acabar con ellos. No encuentra otra solución para vivir tranquilo. La novela habla de las cosas cotidianas que nos suceden en cualquier comunidad de vecinos tomadas desde un punto de vista irónico y con sarcasmo. A veces también con un poquito de mala leche y, por supuesto, con humor.


S.- Las presentaciones que has ido realizando en las redes sociales y el booktrailer invitan a pensar que ‘De cómo Feliciano San Feliz quiso matar a sus vecinos’ está narrada como si de un cuento se tratara, ¿no?

Sí, así es. A veces pienso que he escrito una novela experimental porque apenas tiene diálogos. Hay frases que Feliciano, el protagonista, repite constantemente, pero más allá no hay diálogos. Sí, la historia está narrada como si fuera un cuento de los de antes, de los que comenzaban ‘Erase una vez…’, pero trasladado a la actualidad y con las venturas y desventuras de Feliciano. Por un lado, facilita la lectura, pero era uno de los aspectos que al principio me daba un poco de miedo porque los diálogos agilizan los textos, los aligeran. En ‘De cómo Feliciano San Feliz quiso matar a sus vecinos’ se da también la circunstancia de que la novela no es larga y el estilo cuento provoca también que te identifiques con el personaje.
S.- ¿Hay una cierta atmósfera que recuerda a las historias de Tim Burton en la novela? ¿Puede ser?

No sé, a mi Tim Burton me gusta muchísimo. Me he dado cuenta que empleo las subordinadas mucho al escribir –algo que como periodista sé que no debiera hacer porque complican la lectura, pero que es útil en una novela- y que creo que es una influencia que me viene de las lecturas de adolescente, cuando leía a Poe, a Irving, o Stephen King, escritores que tienen una forma de hilar las frases a la que nos hemos desacostumbrado porque en la actualidad, la literatura moderna, se utiliza un lenguaje más sencillo, más plano, para llegar a cuanta más gente mejor. Por eso, a veces está ese intento de crear con las palabras un mundo mágico. Por ejemplo, en Bendita Palabra, aunque estés hablando de crímenes, utilicé esa retórica en los capítulos en los que hablaba el asesino. Ahora, en ‘De cómo Feliciano San Feliz quiso matar a sus vecinos’ he podido darme más libertad en ese sentido. Al tener cierto carácter de cuento sin diálogos hay más posibilidad de desarrollar ese lenguaje mágico del que hablamos. Mágico pero sencillo, la novela no está llena de palabras complicadas.


S.- ¿No hay muchos escritores que se atrevan con el género de humor?

Es complicado. Desde mi punto de vista escribir humor es como escribir terror, son dos géneros muy complicados. En el prólogo de ‘El umbral de la noche’, la edición de los cuentos cortos de Stephen King, leí que precisamente sobre esa idea sobre lo difícil de escribir terror y humor, porque el terror mal contado puede terminar provocando risa y el humor mal contado puede terminar provocando pena. Y es que la clave está en que no tiene que hacerte reir a ti, tiene que hacer reir a los demás. Mientras escribía practicaba con mi madre, cuando terminaba un capítulo, si tenía dudas, le llamaba por teléfono. Era un forma de probar con la gente de alrededor, con los más cercanos.


S.- También hay ironía en la novela, ¿no?

Sí, mucha. Hay que abordar los problemas de la vida con buen humor y con ironía. Si no que vas a hacer… ¿cómo Feliciano –se ríe- tratar de matar a tus vecinos? Incluso queriéndolos matar hay que hacerlo con humor y con gracia, ¿no? Hay ironía y sarcasmo para que la lectura fuera más entretenida, para quitarle hierro también a esos problemas que surgen en la convivencia.


S.- ¿El proceso de escritura ha sido similar al que seguiste en Bendita Palabra?

Sí, en ese sentido no ha variado mucho. Tengo una historia en mente y lo que siempre tengo claro es a dónde quiero llegar. Quizá no cómo, pero sí a dónde. Es decir, un final, para mí los finales son súper importantes. De hecho, creo que en la actualidad hay muchas novelas que pecan de dejar demasiados lapsus en el final, después de leer una novela trepidante y que te ha hecho disfrutar te quedas frío cuando llegas al final. Esa decepción final hace que para mí esas novelas no sean tan buenas. Por eso, desde el principio tengo muy claro el final; no sé el número de capítulos, si va a tener diálogos o no, si la voy a narrar en primera o en tercera persona, pero el final sí lo tengo claro al comenzar a escribir. Después, al escribir el primer capítulo, ya vas viendo el estilo que le pega, el más adecuado.


S.- ¿Y el ritmo de escritura capítulo a capítulo?

Una vez que tengo la idea clara de lo que quiero contar inicio la escritura. Cada vez que termino un capítulo lo releo varias veces antes de continuar, principalmente porque si has cometido un gran fallo o te has ido por los cerros de Úbeda puedes provocar que la novela se caiga. Y, por supuesto, al concluirla, lectura y relectura y corrección y vuelta a corregir. Tantas como sea preciso hasta que quede lo más perfecta posible.


S.- ¿Cuánto tiempo has estado inmersa en la historia de Feliciano San Feliz?

En esta ocasión me ha costado tiempo definir la estructura, la forma de contar la historia y, como decía antes, tratando de hacer gracia. Piensas mucho lo que escribes. No sé cuantificarlo en tiempo, quizá diez meses.
S.- ¿Y a la hora de publicarla? ‘Bendita Palabra’ primero la publicaste en formato digital y, posteriormente, en papel, ¿no?

En esta ocasión, ‘De cómo Feliciano San Feliz quiso matar a sus vecinos’ la he publicado de inicio en los dos formatos, tanto en digital como en papel y así tanto quienes se inclinan por el libro electrónico y quienes prefieren el papel puedan disfrutarla desde el primer momento. Lo digital está asentándose y el papel sigue siendo importante.


S.- ‘De cómo Feliciano San Feliz quiso matar a sus vecinos’ no es novela negra, pero has jugado con el misterio durante todo el proceso de presentación a través de las redes sociales… ¿te gusta tanto la novela negra…?

Me gusta mucho la novela negra. Leo mucha novela negra, a veces pienso que demasiada. A veces me meto a leer algunas sagas que suponen hasta siete novelas y tiendo a leerlas completas. Me gusta mucho y aunque escriba sobre otras cosas el toque de misterio está por ahí, pero me sale sólo. Provocar curiosidad y crear misterio es algo que me gusta. No creo que una cosa esté reñida con la otra, puede ser una novela de humor y provocar misterio… la curiosidad está en saber si Feliciano consigue matar a sus vecinos o no… y cómo lo hace, si lo hace… En las redes sociales fui soltando pinceladas, pistas… ¿Qué pasa con el enano de jardín que aparece en la portada?


S.- Recuerdo que cuando charlamos con motivo de la publicación de ‘Bendita Palabra’ salió la cuestión de vivir de la escritura… ¿Cómo lo ves ahora?

No, no se puede vivir de ser escritor. Quizá si un día una editorial de las potentes se fijara en mi forma de escribir, en los libros que he escrito… Tal y como están las cosas hoy en día, no lo veo posible. También, al ser novelas que no se venden en las librerías es más complicado llegar a determinado público. Es complicado vivir de la literatura. A no ser que por algún motivo tengas un bombazo, que un crítico de prestigio decida mencionar tu novela y comience a correrse la voz, pero es muy complicado. Conozco a poca gente que pueda vivir de escribir, lo hacen de conferencias, cursos, talleres, de cosas paralelas a la escritura propiamente dicha. A no ser que seas un Ruiz Zafón o alguien así…


S.- ¿Y la gran oferta de libros publicados existente también afecta?

Sí, hoy en día existe una gran oferta de literatura; el abanico es enorme. La competencia es feroz.


S.- A pesar de las dificultades, ¿estás ya trabajando en alguna nueva historia?

Sí, estoy ya con un proyecto a largo plazo, una novela de misterio, con toques negros, pero también histórica. Algo distinto también de lo anterior, me gusta renovar, cambiar, meterme en nuevos berenjenales, en camisas de once varas. Es un proyecto mucho más complejo. Ya sé que es muy difícil hacer una carrera profesional como escritor pero a mí me gusta escribir y no lo puedo evitar.

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