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{CULTURA / LIBROS}

'La Literatura es de interés estratégico para cualquier país, mucho más debiera serlo para nuestra región'

Enrique Cabezón publica la novela 'Una semilla', su primera incursión en la narrativa de ficción

Enrique Cabezón (Logroño, 1976) es diseñador gráfico, editor, poeta y activista de su barrio. Ahora también, desde la publicación de 'Un semilla', integra el club de los novelistas. De alguna manera todo es contar historias. Quizá por ese motivo asegura que escribe por la misma razón que respira. En 'Una semilla' habita la preocupación medioambiental con el riesgo aún latente en nuestra sociedad de ser distinto; convive la explotación de hombres y mujeres con referencias literarias; las del autor. Enrique sitúa 'Una semilla en el campo de la novela de aventuras, cercana a la fantasía. Asegura haber invertido más de diez años en la escritura de su primera novela. "Ójala haya sido capaz de reflejar el amor que siempre he sentido por la buena Literatura"./Javi Muro


SPOONFUL.- Nos adentramos en las páginas de ‘Una semilla’ y qué historia nos encontramos. ¿Qué cuenta ‘una semilla’?

'Una semilla' habla de la vida, la redención, el amor y la violencia, son temas universales que se van a mostrar a través de las peripecias que va a vivir Antonella, una joven atípica que se gana la vida buscando hongos en un mundo que me gusta imaginar casi entre brumas, como de cuento, pero que desgraciadamente no es así. Finalmente se trata de una historia coral donde el territorio, la naturaleza, la identidad, la civilización, las supersticiones y los tabúes de la época, y puede que hasta de hoy mismo, van a tener tanto protagonismo como ella misma.

 

S.- Aludes a ‘Una semilla’ como una novela clásica, de aventuras, casi de fantasía, ¿no?

Sí, he invertido más de diez años en estas páginas y me gustaría que el lector notase, ojalá haya sido capaz de lograrlo, el amor que siempre he sentido por la buena Literatura. En las páginas de 'Una semilla' hay referencias a obras y autores que me han marcado como lector, creo que eso mismo, la lectura, es una parte fundamental de la escritura. Después de más de una decena de libros editados me he permitido muñir una historia que homenajee a aquellas que tanto disfrute le han regalado a mi vida.

 

S.- De alguna manera, el tono literario del cuento tiene también connotaciones poéticas; ¿el hábito del verso tiene influencia en tu prosa?

Es curioso, en cuanto un texto es evocador o metafórico se dice que es poético, pero en la poesía contemporánea hace décadas que existen estéticas que huyen precisamente de evocar nada. Hay tanta riqueza y pluralidad hoy que muchas veces da un poco de pudor la militancia ciega por territorios parciales de una determinada escritura. Yo creo que en 'Una semilla' se nota mi oficio de poeta que no es otra cosa que un ejercicio de síntesis y de tratar de transmitir aquello que a veces no se sabe decir. A mí me gusta la imagen de construir la novela como si pintase una acuarela, con pequeños fragmentos o pinceladas que no son más que una veladura, pero que alcanzan su verdadero aspecto cuando se suman todos esos gestos, todas esas intenciones. Una lectora atenta lo ha comparado hace poco con componer o diseñar una almazuela, y esa y no otra era mi intención, componer algo bello de fragmentos que a veces no lo son tanto.

 

S.- Las situaciones vividas por la protagonista de la novela suponen una transformación para ella y para su entorno. ¿Todo lo que hacemos o nos pasa tiene consecuencias?

Sin duda, la novela aborda las consecuencias que tiene la explotación del hombre sobre la naturaleza, comparte en ese sentido la preocupación por el medioambiente o el ecologismo que cualquier persona sensata tiene ahora mismo. No creo que se trate de una cuestión de creencias, en el budismo y el hinduismo se habla de 'karma', creo que se trata de una consciencia de responsabilidad personal y colectiva que trata de huir del cotidiano ponerse de perfil frente a esta realidad. También habla de la explotación de la mujer y el hombre. Que la protagonista del relato sea una mujer joven, soltera y autónoma en el siglo XIX puede dar alguna pista al respecto. 

 

S.- Desde ese punto de vista, ¿Qué tiene de actualidad ‘Una semilla’ aún habitando la aventura y la fantasía?

Habla de temas universales y desgraciadamente comunes a nuestra época, todavía hoy las personas deben salvar numerosas trabas para garantizar sus condiciones materiales o su elección de vida. Ser 'distinto', lejos de verse como una oportunidad de aprendizaje social por parte de la mayoría, se ve como algo peligroso o a aislar. Lo vemos con las crisis migratorias, lo vemos con la aporofobia cotidiana, lo vemos con las resistencias a la diversidad sexual, el ataque permanente a la igualdad de derechos que reclaman las mujeres…, en fin. Los derechos que no son de todos, no son derechos, son privilegios. Las resistencia a perder esos privilegios explica muchas de las noticias que leemos cotidianamente. 

 

S.- Tu experiencia en la literatura es amplia, ya sea como poeta, editor, o coordinador de festivales de poesía como ‘Agosto Clandestino’, pero ¿Cómo ha sido la experiencia de escribir la primera novela?

Muy caótica en el sentido de haber trabajado sin una escaleta cerrada, lo dilatado del tiempo ha hecho que tuviese que volver de atrás a adelante, de adelante a atrás muchísimas veces. Quiero pensar que mi falta de disciplina en este aspecto ha ayudado a que en la novela no haya ninguna incongruencia. También muy satisfactoria porque he sentido que ampliaba mi paleta de recursos para la escritura.

S.- Corrígeme si me equivoco, pero te he escuchado contar que escribir 'Una semilla' ha sido un trabajo de quince años. ¿Ha sido una búsqueda de la perfección o de tiempo de escribir? 

Ojalá, ha sido un tiempo marcado por la vida, la conciliación laboral, la paternidad, otras escrituras que se autoimpusieron y cualquier devenir que me haya ocurrido. La novela ha crecido en un margen, de alguna manera ha sido así. Siempre tengo documentos abiertos al que vuelvo a picotear de vez en cuando, una especie de diarios, de ellos se publicó en 2019 uno, 'Sílabas trabadas', así que sería algo así como un ejercicio de síntesis adictiva.

 

S.- … porque, cuando escribir no es la profesión que lleva el pan a casa, ¿Cuándo se saca tiempo para escribir?

Es cierto que no vivo de la poesía, pero la escritura ha sido una de mis herramientas laborales siempre, vital en mi trabajo en comunicación y diseño, ahora a esto se le pone nombres en inglés storytelling, content marketing, llámalo como quieras pero es escritura aplicada y llevo desarrollándola más de 20 años. Y luego está la lectura, que es una parte fundamental de la escritura. Perdóname la gracia pero tal vez sea porque no me gusta el fútbol, no lo sigo, son unas cuantas horas a la semana. La verdad es que no sé de dónde salen las horas, pero eso tal vez explique por qué he tardado tantos años en acabar la novela.

 

S.- ¿Por qué escribes? 

¿Por qué respiro?

 

S.- ¿Es diferente la motivación para escribir narrativa, poesía o la letra de una canción? ¿Cada historia pide una disciplina diferente?

Cada idea condiciona su forma, ojalá pudiese decirte qué la determina en cada momento pero es algo que se me escapa, solo sé que en el proceso va tomando su forma final. Tampoco es una cuestión de purezas, hay ideas que han aparecido en diferentes formas a lo largo de los años y ese aspecto metaliterario me interesa mucho. Hay una serie de conceptos y raíces base, y luego hay un ejercicio de fragmentación, cada texto busca sus lectores.

 

S.- ¿Cambia de la percepción de la motivación para escribir al publicar? ¿Al ver la novela publicada la responsabilidad se multiplica exponencialmente?

La escritura es un proceso eminentemente solitario pero la edición algo colectivo, editar algo no es solo fabricar un objeto y hay muchos más engranajes en el proceso para que un libro llegue a manos de quien debe llegar. Yo creo que puedo decir sin resultar presuntuoso que mi novela está bien escrita, faltaría más, otra cosa es que lo ahí escrito tenga el interés que mi editora apuesta que tiene. Me gustaría que funcionase en ventas y lo apoyaré en todo o que esté en mi mano porque conozco desde la misma trinchera el trabajo vital que realizan los editores independientes y las dificultades que atraviesan. No hablo solo de la dimensión negocio, que también, hablo del papel fundamental que tiene para cualquier pueblo garantizar un ecosistema cultural rico, plural y activo. La Literatura es de interés estratégico para cualquier país, mucho más debiera serlo para nuestra región. Así que sí, la responsabilidad se multiplica, como lo hace cuanto más lees. 

S.- ¿Eres consciente de que una vez publicada la novela la interpretación de la historia que relatas pasa a ser potestad de los lectores? De alguna manera el autor pierde el control de la historia, ¿no?

Es un alivio. No creo que sorprenda a nadie si utilizo un simil un tanto grosero: la escritura vendría a ser una especie de masturbación, la lectura es el sexo, cuando interviene más de uno también hay que saber dejarse llevar.

 

S.- ¿Tienes manías a la hora de escribir? Soledad, el mismo sitio siempre, música, papel antes que ordenador…

Trato de aislarme, a veces pongo música a todo volumen en algún idioma que no conozco, lo hago para dejar de oír lo que ocurre en la casa y aislarme. Es un eco de mi infancia, somos cinco hermanos y estudiar o hacer deberes en una casa con tanto niño es bastante complejo, creo que viene de ahí.

 

S.- ¿Aceptas consejos de editores, amigos, otros autores…?

Sí, para esta novela he tenido la suerte de contar con algunos lectores y editores de lujo y todos me han ayudado a que el resultado sea mejor de lo que yo solo podía lograr. Además no olvides que vivo con una poeta, Carmen Beltrán, que es la que padece con mayor intensidad mis dudas. Ella es siempre el primer termómetro de todo lo que escribo.

 

S.- …y al mismo tiempo continúas escribiendo poemas, ¿no?

Así es, hay un poemario en camino, entregado ya a sus editores, que verá la luz antes de final de año. La pulsión es distinta, mi escritura poética responde a un estado de catarsis, la narrativa es más disciplinada y admite más ruido, por decirlo de alguna manera.

S.- … y, si no me equivoco, continúas con la escritura del libro de Historia sobre Varea berona. El origen la identidad han cobrado una gran relevancia en los últimos años, ¿no?

Comencé a escribirlo en 2016 cuando fui elegido presidente de la asociación de vecinos de Los Lirios del Iregua y lo he continuado después de dejar de serlo. Me interesa la historia del territorio y el desarrollo de las distintas poblaciones del entorno, su creación, auge y caída o abandono. Vivo en un barrio nacido al albur del pelotazo urbanístico donde Gobierno de La Rioja y Ayuntamiento de Logroño no han construido ninguno de los servicios públicos previstos ya desde el Plan General del alcalde Manuel Sainz, sin embargo, su territorio pertenece al entorno del enclave berón de Varia y la posterior Vareia romana que desaparecerá en el siglo V, la aldea que finalmente será Logroño no obtiene fuero de ciudad hasta 1095. Siempre he percibido una tensión centrifugadora de la ciudad y una especie de deliberado mirar hacia otro lado frente a nuestro pasado como si seleccionásemos aquello que conviene y lo que no a la imagen que queremos dar según el momento. Me gusta mucho como explica esto el poeta Fruela Fernández  que frente a discursos identitarios, conservadores y regresivos, o claramente xenófobos que hemos visto en los últimos tiempos, y que en sus propias palabras están asumiendo la tosca simplificación que conviene al cálculo de beneficios del capitalismo, cuyo funcionamiento exige precisamente la eliminación de barreras territoriales y culturales; basta mirar alrededor para observar cómo su expansión destruye con rapidez lenguas, espacios, tradiciones y formas de ser que no le son rentables. Fernández cree, y yo con él, que se si queremos transformar nuestras sociedades desde una perspectiva emancipadora debemos trabajar frente a la apisonadora que representa lo 'globalizado'.

 

S.- ¿Y novelas, escribirás más?

No lo sé, tal vez haya por ahí alguna historia interesante esperándome.

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