2411

{CULTURA / LIBROS}

'Realmente cuando escribo es cuando paseo por la calle; ahí surgen las historias y los personajes'

Miguel de León publica su primera novela 'Los amores perdidos'

  A través de las grandes cristaleras de la céntrica cafetería se ve acercarse a Miguel de León. Lleva su novela, ‘Los amores perdidos’, bajo el brazo y las manos protegidas en los bolsillos del abrigo. Es uno de esos poco días en qué el invierno ha sido invierno. Ya dentro, con un café sobre la mesa y a punto de iniciar la conversación se quita el abrigo. “No veas como pesa –suspira-, los canarios no estamos acostumbrados a los abrigos, aunque tengo que reconocer que en la calle no me ha sobrado”. Miguel siempre quiso ser escritor, desde los quince años recuerda. Nació en 1956 y ahora ha visto cumplido su sueño. Plaza y Janes ha publicado su primera novela y la está promocionando como una de sus apuestas fuertes. De León tiene una pequeña empresa de informática en Tenerife y el último de sus clientes importantes acababa de comunicarle hace tan sólo unas semanas que no podía continuar con el contrata porque cerraba. Ese mismo día llegaron los billetes para desplazarse a la península y comenzar la promoción de ‘Los amores perdidos’. “Cuando no se pierde la pasión por algo al final se consigue –apunta-, pero hay que trabajar y esforzarse”./Javi Muro


SPOONFUL.- Abrimos las páginas de la novela y ¿qué nos encontramos?

Es un relato que abarca sesenta años de historia, desde finales de la Guerra Civil hasta el final de la Transición. Ese es el concepto temporal. El geográfico comienza en un pueblecito de Canarias y termina en el mismo lugar, pero por el camino aparece Madrid, Nueva York… Actúa de eje del relato una historia de amor, que ya en la primera página se describen las circunstancias de esa historia de amor. El personaje masculino de la novela tiene que huir de su pueblo, siendo muy joven, porque lo van a matar. Con trece años se ve sólo en América. Regresa con 24 año y con dinero, pero sintiéndose maltratado por la vida y sintiéndose también mucho mayor de lo que es. Su paso por Estados Unidos le ha permitido tener conocimiento sobre cómo es una sociedad más avanzada. Allí se había sentido un exiliado. Las circunstancias políticas han cambiado en España y decide volver, aunque no se había marchado expresamente por una cuestión política.


S.- … y la historia de amor…

Es a su regreso cuando conoce a una niña de quince años y se enamora perdidamente. él es muy joven también, pero se siente prácticamente un pederasta. No se atreve a pasar cerca de donde ella está, ni siquiera intenta entablar conversación con ella. Se entera de que ella tiene que casare para satisfacer una deuda que pesa sobre la casa familiar. Entonces se mete por medio y se ofrece a pagar la deuda, pero ella le advierte que su madre nunca lo aceptará…


S.- … no vayamos a desvelar demasiado…

No, no, esto es lo que me gusta contar para atraer a los lectores a adentrarse en la novela…  es una forma de plantear un debate sobre el hecho de que todo lo que de verdad se hace por amor se hace en silencio. Porque el amor cuando intenta venderse igual no es el amor que creemos. Cuando alguien te dice ‘cuanto te quiero’, ‘cuanto hago por ti’ ‘eres la esencia de mi vida’… igual lo que te está diciendo es “¡Oye! Que estás obligado a quererme”. Y entonces la cosa cambia…


S.- ¿Por qué eliges ese nexo narrativo?

Quizá, porque en los sesenta, años en los que transcurre la novela, con una dictadura terrible por medio, suceden hechos de violencia extrema y actos de venganza, pero también actos maravillosos de generosidad y heroísmo, que siempre tienen que ver con aquellas cosas que se hacen por amor y se hacen en silencio. Es una novela en la que los silencios actúan también de discurso.


S.- Desde ese planteamiento, los personajes tienen que estar muy bien definidos, ¿no?

Para lograr ese efecto en el lector los personajes tienen que ser rotundos. En ese punto, las mujeres protagonistas son las que toman una voz más clara. Al escribir tuve la sensación de que, sin que fuera el propósito, los personajes femeninos toman la sartén por el mango y comienza a llevar las riendas del relato. Creo que ha sido bueno para la novela.


S.- ¿Cómo ha sido escribir una novela que abarca sesenta años?

Me gustan mucho las tramas que discurren paralelas. En la novela encontramos entre sesenta y setenta personajes, de los cuáles, al menos veinte, están muy desarrollados. Son casi casi protagonistas. Diría que son tan protagonistas como los mismo personajes principales. Es una novela que tiene cierto aire de coral. Arranca la novela con tramas paralelas. Al principio puede resultar raro, pero tranquilo que al final todo se va aclarando. Me gusta manejar las tramas y comprobar cómo lo que hacen unos personajes influye en los otros.


S.- Corrígeme sin me equivoco, pero es tu primera novela, ¿no? ¿Siempre te ha gustado escribir?

Quería ser escritor desde los quince años, desde la primera vez que me planteé qué quería ser. Quería ser escritor porque me gustaba leer. Entonces no había internet, ni tenía medios económicos para ir al cine, ni soñar con tener aminos y ni soñar con tener novia… No se me ocurría ni mirar. Lo único que podía hacer era leer algún libro. Quería ser escritor, pero claro, era un sueño de adolescencia. He podido cumplir el sueño siendo ya mayor. Es un sueño y bien cumplido porque ha sido una entrada por la puerta grande. Plaza & Janes no dispara sin bala. Ahora mismo estoy dichoso.
S.- Además, si no me equivoco, la noticia de que la novela se publicaba no pudo llegar en mejor momento, ¿no?

Así es. Tengo una pequeña empresa de informática en Tenerife y la cosa estaba difícil. Tanto que el último cliente importante que tenía me anunció que cerraba el contrato hace unas semanas. No podían continuar porque ellos también tenían que cerrar. Me lo dijeron el mismo día que la editorial me anunciaba qué íbamos a promocionar la novela por la península. Es para creer en el destino, o en Dios… fíjate que soy ateo, pero como decía un personaje de García Márquez, Florentino Ariza en el ‘Amor en los tiempos del cólera’: “Yo no creo en Dios, pero le tengo un miedo..”.


S.- Sea el destino, Dios, o el talento, para escribir una novela no vale con decidir quiero ser escritor, hay que ponerse a trabajar…

Si pudiera juntar el tiempo que me ha costado en jornadas de ocho horas… estaríamos hablando de cuatro años. Pero tengo dudas de que si me dicen te voy a pagar tanto para que escribas una novela como esta saliera igual. ¿Por qué? Pues porque las novelas necesitan cocinarse. Realmente, cuando escribo es cuando voy paseando por la calle o, por ejemplo, esta mañana mientras me afeitaba y estaba pensando en la segunda novela. Es ahí cuando estoy fabricando los personajes de la novela, no es tanto cuando me pongo delante del ordenador… para eso además, soy muy vago. Si lo tengo cocinado, entonces va surgiendo, va rondando.


S.- Nunca antes habías publicado nada…

No. Tenía una bitácora, pero nada más.


S.- Decías antes que a escribir habías llegado desde la lectura…

Sí. En la adolescencia me quedé encandilado con García Márquez y terminó y como me quedé encandilado no veo otras luces. He sido un lector ferviente y, a veces, frenético de García Márquez, pero tengo el pesar de haber sido implacable con todos los demás que no merecía tanto reconocimiento por mi parte. Puse el listón muy alto, pero también me ha servido para ponerme el listón muy alto a la hora de escribir… Me pasé veinte años aprendiendo a escribir con García Márquez –con no como- y me he pasado otros veinte tratando de que no se me notara. La prosa de García Márquez era fluida porque era periodista y no permitía que la idea se dispersara y se desvanezca. Por eso trato de leer buenos artículos periodísticos, porque se aprende esa técnica.


S.- ¿A qué te refieres cuando dices, como te he escuchado decir, que no te permites concesiones a la hora de escribir?

En la novela he tratado de que desde la primera página hasta la última el lector se lo pase entretenido. Es lo que le pido a todos los autores. Primero que me entretengan, que no me aburran, y entonces les permite contarme lo que quieran. Me gusta que el escritor sea leal con los personajes, que los mime para que pueda identificarlos bien. Sobre todo que no me aburran en el ratito que le dedique al libro.


S.- Hablabas de García Márquez, pero tienes más referencias…

Sí, claro. Me gustó Saramago, Vargas Llosa, Cortazar, pero de estos no todo lo que han escrito. En el caso de García Márquez era casi todo. Sucedía que tenía que llevar y sacar adelante una empresa y el tiempo que tenía para la lectura era cortito. Llevar la empresa y escribir son cosas muy absorbentes. No he leído todo lo que hubiera querido leer. De niño sí, tuve la muy buena suerte de que como leía con pasión y caían en mis manos Verne, Salgari, Dickens, autores que no aburrían, eran muy entretenidos… y ese es el pilar sobre el que quiero escribir, que lo que cuente sea entretenido. Me han venido de perillas aquellas lecturas.


S.- ¿Cómo es tu proceso de escribir? ¿Cuál es la chispa que detona el inicio de una historia?

Siempre comienzo con una obsesión con algo. Sea una historia, un personaje… es esa chispa por la que preguntabas. A veces me lleva a sitios claros y otros a territorios pantanosos… y lo peor es que a veces esto último lo percibes cuando ya has concluido la historia. Entonces la aparco como algo menor. En la bitácora hay cosas publicadas menores porque me di cuenta que no tenían entidad. Me exijo mucho, no a la hora de escribir sino a la hora de publicar, a la hora de decirle a un lector que se lo lea. En esta novela, para asegurarme de que no aburría, hice una autoedición que fue la que mandé a las editoriales.
S.- Las historias surges, como decías paseando, pero luego tiene que realizarse un trabajo muy contante de elaboración, ¿no?

Me obsesioné con un personaje. Eso fue hace treinta años y la historia fue madurando hasta convertirse en la novela.


S.- En una novela de este calado y este volumen, ¿hay momento durante la escritura de parón, de detenerse a mirar cómo va la historia y refrescar?

Sí. Por ejemplo, en el capítulo 32 se relata un cuento que si lo sacas de la novela, la historia no sufre, pero si lo mantienes el relato global se enriquece un poco. Sólo sin la novela tiene sentido, es cuento en sí mismo. Son momentos en los que tienes que parar y que te permiten retomar lo que estás contando con la frescura inicial.


S.- ¿Para escribir necesitas rodearte de unas condiciones peculiares? ¿Eres maniático?

No, lo único el ruido. El ruido me molesta mucho. Utilizo música, simplemente un poco de soledad mientras escribo. Necesito el Diccionario de la Real Academia, el María Moliner, el Manual de Estilo del País –tengo varios- y un cartelito delante en el que pone ‘Prohibido aburrir’. Lo único que me molesta es el ruido. Si un vecino tiene que utilizar puntualmente un taladro no pasa nada, pero si me ponen la música todo el día a toda caña entonces no puedo escribir.


S.- ¿Qué música te acompaña mientras escribes?

En esta novela me he acompañado de Ennio Morricone. Simplemente porque estaba habalndo de Nueva York y para mí la película que refleja esa ciudad es ‘Érase una vez en América’, de Sergio Leone. Leone es para mí un director fundamental. También, he utilizado pasajes de la banda sonora de ‘La Misión’ y mientras paseaba ideando la historia recuerdo que escuché a Jorge Cafrune.


S.- Comentabas al principio que la primera vez que recuerdas que quisiste ser escritor fue siendo un nicho, ¿cómo se aguanta el gusanillo tanto tiempo? ¿Qué hacías?

Tenía hambre. Tenía cinco hermanos. Mis circunstancias personales en mi infancia fueron difíciles, muy difíciles. Tenía cinco hermanos, entre el mayor y el pequeño había una diferencia de cinco años. Yo era el mayor y tenía que trabajar porque si no los demás no comían. Es algo que impone mucho carácter. No podía soñar con ser nada, tan sólo con que si me daba otro trabajillo salir corriendo a hacerlo. Además, en aquella época teníamos que huir de los pederastas. Fue una época difícil, muy difícil. La dictadura fue terrible.


S.- En la novela se relata un viaje pero, al mismo tiempo, tú también has realizado un recorrido importante…

Ahora estoy contento, estoy orgulloso y dichoso. Como no voy a estarlo… ¿a qué autor nuevo le publican una novela, se la publica Plaza & Janes y encima la colocan en todos los escaparates y cabeceras de las librerías? He conseguido que mi vida tenga sentido. Aquel sueño de un niño de trece años ahora tiene sentido. Aquel niño no podía ir a la Biblioteca porque fue en una ocasión, sacó un libro y se lo robaron. No podía volver. Primero por la vergüenza de ir a la Biblioteca a pedir un libro sin haber devuelto el otro y, en segundo lugar, porque no podía comprarlo para devolverlo.


S.- Ya trabajas en una segunda novela, ¿no?

Ahora, estoy con un libro de cuentos y trabajando en una segunda novela, quiero abordar la existencia del alma. ¿No sé si existe el alma o no? No quiero escribir un rollo filosófico, sino crear unos personajes con ideas propias, que se hagan preguntas. Lo que está claro es que el que no tiene la respuesta soy yo, así que los personajes no sé por dónde van a tirar.



Suscripción a la Newsletter Enviar