1238

{ARTÍCULOS DE OPINIÓN}

La llamada correcta

Mientras contemplaba la sinrazón llegó a la conclusión de que las llamadas perdidas eran las mejores. El teléfono no paraba de sonar y nunca era la llamaba que esperaba. No es preciso descolgar el auricular para saberlo; es algo que se aprende. Nunca es la llamada que esperas. Del mismo modo que las noches favorables no implican despertares eufóricos; rara vez es así. Acodados en la barra del Ahab, con dos botellines de cerveza como asideros, Dumber detalló porqué las cosas suceden de ese modo. De las mañanas tan sólo disfrutan las personas que no buscan y tú buscas, reveló apoyando las palmas de las manos sobre la barra de madera dejando en medio el botellín aún inmaculado. “No me refiero -prosiguió- a que tú no puedas reconocer la belleza de un amanecer; sino que tú nunca reconocerás la felicidad por el mero hecho de despertar. Porqué tú aún nos has encontrado lo que estás buscando”. Dumber apuró la cerveza y elevó el botellín solicitando la atención del camarero y un recambio. “Sabes que no hablo del amor de tu vida. Ya sabes quién es esa mujer y por ese motivo permites que el teléfono suene y suene sin levantar el auricular, porque eres consciente de que no es ella quien se encuentra al otro lado del cable”. Dumber, en complicidad con la cerveza, creaba espirales filosóficas sobre el sentido de la vida. “Las personas que no buscan son aburridas, aunque ellas se vislumbren como los seres más activos y dinámicos de la sociedad. Están equivocados, tan sólo son réplicas unos de otros que ejecutan movimientos por imitación; tú buscas y el deseo por encontrar genera ansiedad, angustia, e incluso, zozobra”. 

 

Las sábanas revelaban el sueño revoltoso, travieso quizás; bullicioso, probablemente, de la última noche. Era un nuevo día y Dumber, como si fuera uno de esos compañeros de barra de bar que deseas que equivoque sus profecías, acertó. Descifró, cerveza tras cerveza, el futuro cercano como si ya hubiera transitado con anterioridad por el tiempo venidero. El sol golpeaba las ventanas y se colaba entre la tela traslúcida de las cortinas. Era el anuncio de un bonito día, pero no lo reconoció. Acomodó el teléfono sobre la cama y esperó la llamada correcta. Después, continuaría buscando. /Texto y fotografía: Javi Muro.



Autor: Javier Muro

Suscripción a la Newsletter Enviar