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{ARTÍCULOS DE OPINIÓN}
Tienes que leer 'Orbital', cada palabra es una certeza
de Samantha Harvey
‘Orbital’ no es una novela que ocurra; es una novela que sucede dentro de ti. Sucede así desde la primera página, cuando entiendes que esa estación que flota a cuatrocientos kilómetros sobre la Tierra no es un contenedor de metal en el espacio, sino un espejo roto de nuestra conciencia colectiva, y tú estás ahí dentro, aunque no sepas cómo llegaste.
Lo que la autora, Samantha Harvey, hace es vaciar el bullicio del mundo para dejar al lector con la molesta intriga de su propio pensamiento. En ‘Orbital’ nada sucede en el sentido tradicional. No ha violencia, ni explosiones, ni persecuciones, ni giros argumentales sorprendentes. Y aún así no puedes para de leer.
Lo que ocurre es más radical. Es la vida en estado puro, capturada en bucle, girando dieciséis veces por hora alrededor del planeta tierra que quizá sea, al mismo tiempo, madre, amante y sentencia.

En la dinámica de lo ordinario -hacer café deshidratado, cambiar detectores de humo, estirar músculos que no quieren crecer en la bicicleta estática- están los momentos más eléctricos de la novela. Y es que Harvey toma lo repetitivo de la rutina espacial y lo expande hasta que brilla con la intensidad de lo extraordinario. Las frases hipnóticas que definen el estilo de la escritora británica provocan que la lectura avance a una veloz cámara lenta -porque repito, no se puede dejar de leer-, que se adentre en ese pensamiento humano, donde cada idea parece avanzar a la velocidad de la luz o a la de un suspiro.
Los seis astronautas que orbitan en la estación espacial no son héroes de epopeya clásica ni aventureros con capa y destino. Son espejos de nosotros mismos: italianos que vigilan microbios como si fueran secretos de familia, japoneses que cultivan cristales como si sembraran esperanzas imposibles, británicos que cuentan ratones como si fueran hijos, americanos que miran raíces que nunca tocarán el suelo, rusos que mantienen y reparan la estación. Y en cada uno de ellos late la misma pregunta silenciosa: qué nos hace humanos cuando todo lo demás se filtra como polvo estelar entre los dedos.
Y aquí está su mayor truco y su mayor contradicción. Orbital quiere ser una novela y al mismo tiempo una meditación. Y en más de una ocasión, estira su propia poética hasta rozar la frontera de lo contemplativo puro, de lo casi ensayístico. Un acto de belleza radical donde la repetición se convierte en desafío. Al tiempo que los astronautas miran a la Tierra, ‘Orbital’ te lleva a observar y retratar tu propio universo interior sin escapatoria.
En ‘Orbital’ no hay clichés, es una elegía al silencio. Una confesión de vértigo. No hay narrador, pero existe una voz que late con precisión, como si cada palabra fuera una certeza oscilando en la nada. ‘Orbital’ te mira tanto como tú lo miras. Y cuando lo terminas ya no es sólo la historia de seis astronautas porque quizá tú ya eres uno de ellos./J.M.
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