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{ENTREVISTAS}

'Los poetas también escuchamos rock and roll'

Héléne Laurent ha publicado el poemario 'DESenREdo', junto a la fotógrafa Desmoral

Hélene Laurent es poeta y se gana la vida como profesora. Francesa de Lille, vive en Logroño desde hace tres años y antes pasó diez en Vitoria. Desde siempre sintió un gran interés por la lengua española lo que le llevó a estudiar Filología Hispánica, que combinó con la francesa. Asegura que el castellano le gusta por su sonoridad y por la facilidad para decir las cosas. La versión original de sus poemas está escrita en castellano. "En español -dice- las palabras tienen peso sin tener que dar vueltas, eso no lo tienen otras lenguas". Ahora ha publicado 'DESenREdo', junto a la fótografa Desmoral, en el que entremezclan poemas e imágenes y que de alguna manera es también un homenaje al cómic. Profesora de expresión artística comenzó desde muy pequeña en el teatro. "Entonces no hablaba y fue como un terapia para lograr exponerme ante los demás". El teatro, el arte en general, se convirtió en una pasión. Observadora y analítica, cree que la cultura no está de moda. Aun así, no ceja en la batalla de acercar la poesía a la gente a través de la web 'La poesía no muerde'./Javi Muro


SPOONFUL.- ¿La poesía muerde? ¿Hay quien piensa que muerde?

Desafortunadamente, hay mucha gente que tiene un concepto equivocado de la poesía, como si fuera un registro y una estética dirigidos a una elite exclusiva. Hay gente que ve la poesía como un código que no se puede descifrar. La culpa es posible que también la tengamos los escritores. Ofrecemos una imagen equivocada de la poesía. Además, ‘La poesía no muerde’ surgió por el título de un ensayo de Ángela Serna, que fue en su día mi profesora en la universidad. Ese concepto de la poesía que ella me transmitió es el que más me marcó. Fue ella la que me ayudó a que pudiera asumir lo que escribía. Me dijo en mitad de una clase: “tu escribes”. Al principio quería ocultarlo, pero ella supo verlo, aún no sé en qué parte de mí pero lo detectó.


S.- Asumir, es un término que parece hacer referencia a uno mismo como escritor y, al mismo, tiempo que tus poemas, lo que escribes, va a ser leído por otros, ¿no?

Totalmente. Es un poco la idea de desmontaje, desmontar al personaje y regresar a la persona que hay detrás. La poesía no muerde se refiere no sólo al escritor para que pueda dar el paso, también al lector. La poesía no es una cuestión de elites, no es algo que vas a entender. La poesía es ese género que nos tiene que calar en lo más hondo. No digo que la novela no lo haga, pero creo que en la poesía se tocan fibras más sensibles.


S.- Hablas de asumirte como escritora, pero tengo la impresión que como lectores somos más egoístas y esos poemas que pueden ser personales para el autor al leerlos los hacemos nuestros y nos recuerdan o identifican con nuestras vivencias…

Sí, así es. No hay que más ver cómo reacciona la gente tras recitar un poema. El autor nos facilita una interpretación, pero si ves las sensaciones que transmiten los lectores sobre los poemas que leen en el blog te sorprendes. Te dices: ¡vaya! No es lo que pretendía al escribirlo o, al menos, no era la idea que tenía en mente pero esa lectura es incluso más rica. Es un error del lector el pensar que tiene que entender el poema tal y como pretendía el escritor. Tratar de interpretarlo puede ser un trabajo interesante pero viajar por medio de las palabras creo que es muy enriquecedor. Se trata de apropiarse de las imágenes y dar vida a la obra. Creo que eso sucede cuando el lector hace suyo el poema.


S.- ¿Qué es ‘Desenredo’?

Es una metáfora de la vida. Es el hacer y deshacer constantemente, a no tener miedo a reinventarse, a empezar de cero. Hace referencia a la poesía y la fotografía, pero también a la vida en general. Habla de no dar nada por seguro, ni por hecho, sino de seguir e ir encontrando cada uno su propio camino.


S.- ¿No es sólo, por lo que te entiendo, una actitud literaria?

No, por supuesto, es una filosofía de vida. En el libro hay poemas que han dado lugar a imágenes –las realizadas por la fotógrafa Desmoral- y al revés, fotografías que han generado poemas. La fotógrafa no ha sido tan sólo una ilustradora del libro, sino que nos hemos ido retroalimentando constantemente las dos. Hasta el punto que descubrimos que había una filosofía de vida en esa conexión a través de lo que ella contaba con sus fotos y yo con las palabras. Ha sido un descubrimiento por inercia, caminando juntas.
S.- He leído que ‘Desenredo’ es poesía, fotografía, ilustración, cine y, también, un homenaje al cómic…

Totalmente. Son disciplinas que me influyen a la hora de escribir, pero también a Desmoral en su trabajo fotográfico. Son todos los mundos que nos inspiran. Desde muy pequeñita escribir –el deseo por la poesía- era algo que necesitaba. Era una forma de plasmar todo lo efímero y entiendo que eso forma parte de todas las artes, no concibo la poesía de forma aislada. No entiendo que se pueda tratar la poesía como una materia inerte, es el lector el que le da la vida.


S.- Tus poemas son muy sugerentes, irónicos, hay amor y desamor, tristeza, rabia e incluso de denuncia…

‘Desenredo’ es un poemario puntillista, nos podemos quedar en la pincelada o coger un poco de distancia y tener una visión de conjunto. Hay un metáfora sobre la vida, sobre los pasos, hay una pincelada de cada cosa, de lo que pensamos que nos constituye, que nos marca, de las huellas que vamos dejando o van dejando sobre nosotros. Son eso, pinceladas, hay que darse un poco de distancia para observarlas en su conjunto. Y sí, también hay poemas de denuncia social.


S.- También se deja sentir la actualidad de los que sucede a nuestro alrededor en tus poemas, ¿no? A priori parece que actualidad y poesía no suelen ir de la mano…

Es una percepción que tiene la mayoría de la gente, pero es un error. Es un error incluso históricamente. Si pensamos en la Revolución Francesa, los que están en el origen son los autores, son los poetas. Mucha gente identifica la poesía con el romanticismo, con el amor y el desamor, pero la poesía es mucho más. La poesía es social, es satírica, antes de ser escrita era oral y estaba dirigida al pueblo. Esa percepción de la que hablas es la que creo que provoca que el público no acceda a la poesía. En la situación social que vivimos ahora la poesía es fundamental. Entonces, ¿es la sociedad la que se ha olvidado de la poesía o es el poeta el que se ha olvidado de la sociedad?


S.- ‘Me duele la Francia’… es uno de ellos…

Mucha gente al leerlo lo relaciona con los atentados de París pero está escrito mucho antes, después de las últimas elecciones europeas. Contiene elementos que hace que se pueda ir asociando a cada paso de la actualidad, pero principalmente habla de una degradación de lo que era una parte de mí, la Francia. Podía haber dicho me duelen las entrañas, una parte de mí que estaba un poco dolida. Hago referencia a los indignados, a los pensadores, a un pueblo que se mueve, a un pueblo que no se deja manejar, al pueblo de la libertad, de la fraternidad y la igualdad, al fin y al cabo. Todas esas ideas, esos mitos, se van desgastando, se van cayendo poco a poco. Pero, independientemente de mí intención al escribirlo, lo importante es que al lector con sus referencias, con lo que ve, lee y piensa, también le transmita algo aunque no coincida con el autor. Eso es lo importante.


S.- También aparece en tus poemas una sensualidad que quizá pueda describirse de sutil, elegante…

Sí, un par de poemas tienen esas pinceladas sutiles. Siempre escritos con algo de pudor y tratando de abordar esos temas con el máximo cariño y naturalidad, sin que sea una exposición.


S.- Al hilo de lo que comentas, poemas como ‘Madeleine’ y ‘La dama de Angulema’ desprenden esa sensualidad, pero entremezclan imágenes que retrotraen a las cortes francesas de los siglos XVII y XVIII con fotogramas de la modernidad, como si de la película ‘María Antonieta’ de Sofia Coppola se tratara…

Sí, puede ser. Hay que tener en cuenta que me influye todo lo que hay alrededor, no sólo de los géneros y las estéticas, también las éticas. La Historia no deja de ser una parte de nuestra vida. Además, suelen decir que la Historia siempre se repite y no creo que deje de ser verdad. No deja de ser una enseñanza para nosotros también. La cuestión del legado, sea artístico o histórico, es algo que llevo muy dentro. En mi camino como escritora me acompañan muchísimas referencias y en función de sentimientos y necesidades puedo acudir a unos u a otros. Surgen de forma inesperada.

 

‘Madeleine’ y ‘La dama de Angulema’ no pertenecen a ‘Desenredo’, son poemas visuales, caligramas. En ellos intento dibujar con la palabra en todos los sentidos. Siento interés por las personas y los personajes, por ponerme en la piel de otros e intentar sentir lo que sienten.
S.- ¿Eres muy observadora?

Sí, quizá viene de mi formación en artes escénicas, en la pasión por dar vida a otros personajes.


S.- ¿Qué te inspira?

Todo.


S.- ¿Será sencillo entonces encontrar un tema sobre el que escribir?

No creas, porque todo es todo lo que te llama, todo lo que te nutre, todo lo que te fascina, lo que te da miedo o lo que rechazas. No sólo escribo sobre lo que me parece bueno y bonito. Lo que no me gusta también aparece en mis poemas. Hay instantes, acontecimientos, que surgen como poemas después de un tiempo de haber convivido con ellos. Ese momento, esa vivencia, puede convivir mucho tiempo contigo y en general es lo que me pasa. Aunque llevo un cuadernillo y un lápiz siempre conmigo pocas veces recurro a ellos porque cuando una imagen, un sonido, hace click es cuando me digo que ha llegado el momento de escribir. Igual, lleva años conmigo.


S.- …las cosas que te pasan, las más personales, también aparecen en tus poemas…

Sí, unas veces de una forma más clara y otras más escondidas. Se vence ese pudor del que hablábamos al principio. Es curioso, la gente me recuerda que soy profesora en artes escénicas y como puedo ser pudorosa al mostrar mis poemas. No es lo mismo, cuando te subes a un escenario no dejas de ser un personaje. Cuando subes a un escenario a recitar tu poesía dejas a la libre interpretación lo que te pertenece y lo que no, aunque la historia no sea tuya le tienes que dar un sentimiento. La sensación de pudor la siento más intensamente en la poesía.


S.- Quizá, porque cuando leemos un poema lo hacemos nuestro, pero al escuchar al autor recitar sus poemas lo identificamos con lo que cuenta…

Eso es. Está la entonación, el darle vida, los sentimientos. Al recitar estás expuesto. Es un trabajo peculiar, interesante.


S.- ¿Y cómo llevas el tema de la autocensura?

A temas y a días –se ríe. A veces piensas: "he contado demasiado". Es algo que pasa. Es algo curioso. Cuando era pequeña, escribía los poemas y los quemaba. Mis padres lograron rescatar unos pocos. Era una manía, como ritual. Disfrutaba de un momento efímero y para mí en ese acto residía la belleza. Después, gente cercana leyó algunos textos y te decía que les habías hecho sentir algo o pensar en algo. Eso me hizo pensar si merecía la pena compartir lo que escribía y comprobar después las reacciones. Por eso, de alguna manera, existe también el blog, con la idea de poder conocer los sentimientos que provocan los poemas en los demás. Es una forma de alimentarse.


S.- … eso de pequeña, ¿y ahora, te autocensuras y envías poemas a la papelera?

Ahora, alguno ha ido a la papelera. Pero es lo que contaba antes, para mí la poesía es como una canción, si tengo las imágenes y el sonido en la cabeza por mucho que tire el papel a la papelera siempre va a regresar. La melodía va a perdurar y tendré que volver a sentarme y volver a tocarla.
S.- Hablas de la necesidad de hacer una invitación a volver a jugar con las palabras.

Hemos perdido ese juego. Al perder la esencia de la palabra perdemos muchas cosas al mismo tiempo, por ejemplo, la pérdida de valores. La palabra nos hace más humanos. Es la mejor herramienta para conectar con los demás, pero nos hemos quedado en lo superficial de la palabra. No hay más que observar el uso y desuso de palabras como términos sociales o políticos. Tratan de convertir palabras negativas en conceptos positivos para una mayoría, a través de la manipulación. Si aceptamos ese juego somos carne de cañón.


S.- Hablas también de disfrutar de los nudos y los desnudos…

Es otro juego de palabras, una doble lectura. Hay momentos que desentrañar para después volver a caminar. Los nudos son lo que te ata, lo que no te permite avanzar, lo que puedes tener atravesado en un momento dado en la garganta. Los desnudos, por otra parte, es el decir aquí estoy. Quitar el personaje para que aparezca la persona que hay detrás. Estoy y me asumo.


S.- Defiendes la idea de que si lo que vas a contar merece la pena se supera ese pudor del que hablabas.

Totalmente. Ahí está la definición del artista, tiene que superar ese pudor y dar el paso. Una vez que descubres y piensas que una idea, que un sentimiento, merece la pena ser conocido tú eres la herramienta, no dejas de ser una mera herramienta para transmitirlo. El concepto es más grande que tú, la palabra es mucho más grande que tú. Si tú como herramienta te permites bloquear esa idea es cuando estás cometiendo un error. Vale para el actor, para el fotógrafo, para el escritor, para el pintor…


S.- De tus poemas se desprende que palabra e imagen van unidas para ti, ¿no?

Sí. No las puedo separar. La imagen es lo primero que me llega. Te puedes quedar atrapado en una imagen. De la palabra es, de entrada, la sonoridad en su capa exterior. Después, la palabra es como sentarse a analizar una fotografía que al principio nos ha parecido muy bonita. No dejan de ser artes que se contestan, que se hablan.


S.- Antes te definías como observadora, ¿analítica también?

Sí, no puedo evitar mirar desde la distancia y tratar de analizar, tratar de comprender.


S.- Quizá la observación sea cómoda, pero analizar lo que sucede a tu alrededor, en la sociedad, en el mundo, implica un esfuerzo, puede ser agotador, provocar un debate interior.

Sí, y también ser observadora porque al final conectas con facetas tuyas, ya veas cosas buenas o negativas, que quizás tenías dormidas, escondidas. Los elementos te obligan a conectar contigo y con aspectos que igual no querías que salieran a flote, aunque no sea de manera consciente.
S.- ¿Hay mucha diferencia entre Héléne escritora y Héléne persona?

No… Sí, no… -se ríe-, no hay mucha diferencia. Comparto la pasión por observar y alimentarme de las vivencias, de escuchar. A veces me dicen, “Héléne que callada estás” y quizá entonces es cuando más presente estoy, escuchando, nutriéndome de algo interesante.


S.- Entiendes el arte como un viaje constante.

Así es. La gente que lee novelas es capaz de transportarse a otros mundos. En el caso de la poesía, y también en otras artes, no ese el viaje al que me refiero. No es un viaje sólo de la imaginación, sino un viaje entre lo que es universal y que pertenece a todos –como cuando hablaba de un sentimiento mayor- y lo individual. ¿Cómo percibo yo como individuo lo universal? Como escritora tengo que tratar de que otro individuo sienta y vea esa poesía. Ese es el viaje constante. Como individuo me permito viajar hasta tratar de llegar a lo universal y trato de reconocer mis sentimientos personales, sean más pudorosos o no, pertenecen a lo humano. Y lo humano no es sólo el amor y desamor, es también la política, una situación, un momento dado… el viaje es dejar de separar las artes y las estéticas, dejar de separar a las personas como unidades…


S.- ¿También un viaje para llegar a conocerte cada vez más?

Evidentemente, porque no dejas de ir en las dos direcciones. La escritora se alimenta de la persona y la persona de la escritora y ambas de todo lo que les rodea.


S.- El logo de ‘La poesía no muerde’ es muy roquero, ¿no? Esos labios rojos, estilo de los Stones.

Esa es otra de las influencias, los poetas también escuchamos rock and roll. Pero la gente tiene la imagen del poeta como una persona perdida en sus pensamientos y desconectada de la realidad. Sí, la idea era romper con esa idea preconcebida de la poesía como algo aburrido. En la web no hay nada de estrellas, lunas y cielos infinitos… La idea es sorprender a través de la poesía. Acércate a la poesía, no muerde.

 



Autor: Javier Muro

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