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{ENTREVISTAS}

Teo Martínez, fotógrafo desde la necesidad

La Casa de la Imagen produce el documental 'Teo, Teo que ves'

“El fundamento de toda mi vida ha sido la necesidad”. Teo Martínez es sin duda un referente de la fotografía española. Electricista, ciclista y fotógrafo, Teo Martínez Gorrachategui nació en el barrio logroñés de El Cortijo en 1930. Nadie le enseñó a encuadrar a través del objetivo de una cámara de fotos ni a revelar los negativos obtenidos. Aprendió de forma autodidacta. “El meollo de todo -reitera el fotógrafo- es la necesidad. En la posguerra pasamos toda el hambre que se podía pasar”. Ahora -el jueves 29 de noviembre- se estrena el documental ‘Teo, Teo que ves’, una película que relata la vida de Teo Martínez y su relación con la fotografía. “Es un trayecto vital -describe Jesús Rocandio, director de la Casa de la Imagen, entidad responsable de la producción-, es la historia de una persona normal, huérfano, hijo de la guerra, que no pudo estudiar pero que supo salir adelante”.

 

Tras colgar la bicicleta, comienza a trabajar como electricista, pero tiene claro que todo el día subido a un poste de la luz es un riesgo que tarde o temprano tendrá consecuencias. De su tiempo como ciclista recuerda a los fotógrafos que tomaban imágenes de los corredores a la salida de las pruebas y luego las vendía por una o dos pesetas. El las compraba y cuando dejó las carreras decidió que como buen conocedor del ambiente ciclista iba a hacer los mismo. Se trataba, recuerda durante la presentación del documental, “de sacarse unas perrillas”.

 

Junto a Jesús Rocandio y el equipo de la Casa de la Imagen, el dramaturgo y guionista, Bernardo Sánchez, ha sido parte esencial en el proyecto. La idea que ha desembocado en que ‘Teo, Teo que ves’ sea hoy realidad comenzó a tomar forma en 2014, cuando la Casa de la Imagen y las fotografías de Teo fueron seleccionadas para participar en PhotoEspaña. La exposición se tituló ‘Nostalgia y Vanidad’. “Recuerdo -Detalla Rocandio- que un día mientras paseábamos por Logroño le dije a Teo tenemos que hacer un documental sobre tu vida y tu fotografía”. Han pasado cuatro años y la pasada semana -después de un verano intenso de trabajo- la película estaba terminada. 

Bernardo Sánchez se unió al proyecto por invitación del director de la Casa de la Imagen. “Hemos trabajado juntos -apunta Rocandio- infinidad de veces y Bernardo podía aportar mucho en la creación del relato, del hilo argumental. Al final ambos hemos trabajado en el guion y la dirección”. El guionista riojano resalta un método de trabajo en el que el instinto se convirtió en el guía esencial. “Nunca sabíamos -explica- cuál era el siguiente plano; hasta el punto de que desechamos un primer montaje entero porque no terminaba de convencernos”. Reconoce que hubo un momento, “en que sentimos que el relato hilaba” y cita a la leyenda del guion, Rafael Azcona, para describirlo: “esto va tomando incremento”. Para Sánchez la revisión de la vida y el trabajo fotográfico de Teo permitiría grabar una serie. “Ha sido una experiencia excepcional volver a redescubrir a Teo, le debíamos esta memoria”.

 

Teo Martínez comenzó a interesarse por la imagen en los años 50 y aprende sus rudimentos a través de un sencillo manual llamado ‘Cómo aprender a hacer fotografías’, que le costó dos pesetas. Adquirió una cámara Kodak Retina por tres mil quinientas pesetas, todo un lujo pagadero en plazos de cincuenta pesetas, que se irá liquidando a base de meter horas los domingos en la central eléctrica. “Con poco más que esto -señala Rocandio-, fotografía ciclistas mientras aprende, conforme pasa el tiempo fotografía motoristas y todo aquello que se pone ante al objetivo de su ‘Exacta’. Pronto sus ingresos como fotógrafo le permiten dedicarse a ello con exclusividad. Al poco tiempo le ofrecen el puesto de reporter titular en la Gaceta del Norte”. Por supuesto acepta. Al fin ha logrado dejar atrás los postes de la luz. Teo trabajó también para la agencia Europa Press y abrió su tienda de material fotográfico ‘Foto Teo’.

 

Teo entró en la fotografía de prensa con una presencia y unas maneras poco habituales en su tiempo. “Nunca me he preocupado de quién es el mejor fotógrafo -cuenta Teo en una entrevista en SPOONFUL- yo sólo iba a relizar mi trabajo. Cuando empecé a hacer fotos compraba la revista Arte Fotográfico, me fijaba en las fotos que publicaba y a mí siempre me gustaba hacer lo que no había visto. Las imágenes que veía en la revista me enseñaban, pero esa misma foto yo la hacía a mi manera. A mí no me interesa si la gente es guapa o fea, a mí me interesa que la fotografía diga algo sin tener que poner un pie explicativo, que veas la imagen y sepas lo que es”.

 

Destaca Rocandio que al hablar de Teo Martínez lo hacemos de un fotógrafo autodidacta. “No pudo estudiar, no conocía los fotógrafos nacionales ni internacionales, ni su trabajo, pero era una persona a la que siempre le gustó la creatividad, el dibujo y estar rodeado de dibujantes, quizá de ahí nace esa manera tan especial de encuadrar las imágenes. Siempre se situaba donde no estaban el resto de sus compañeros, a este hombre no le valía la toma frontal y el golpe de flash, siempre quería dar su opinión; y ésta normalmente se situaba al otro lado de ‘la corriente’”.

Las fotos de Teo resultan desprender tanta fuerza y cuentan tanto que los directores de ‘Teo, Teo que ves’ decidieron mostrarlas a fotógrafos de talla internacional y cineastas como Alberto García Alix, Marisa Florez, Raúl Cancio, Eduardo Momeñe, Santiago Tabernero, Michel Dieuzaide, Julio Álvarez, o Jesús Mari Sarasua. “El documental habla -adelanta Rocandio- de la historia de España en la posguerra y habla también de periodismo y del periódico, de publicar las fotos en el papel del diario”. Recuerda el director de la Casa de la Imagen que sino fuera por el archivo de Teo, “no existirían documentos gráficos de la época en La Rioja porque el archivo del periódico La Rioja desapareció y del de El Correo nadie sabe nada”.

 

Teo Martínez llegó a ser tan popular que cuando pisaba el césped de cualquier campo de España en el que jugara el Logroñés, el público, a modo de himno, coreaba: “¡Teo... Teo... Teo!”. Cuentan que en una ocasión, en San Sebastián, un jugador blanquiazul preguntó desde el vestuario “¿Qué corea el público?” Un compañero le aclaró; “Nada, es el fotógrafo de Logroño que está dando la vuelta al ruedo”. De aquellas vueltas a los campos salían las fotografías que vendían muchos periódicos al día siguiente; mamás, papás, tíos, amigos, novias compraban aquellas imágenes en las que salían sus seres queridos que estaban estudiando en otras ciudades. En aquellos años en España, el parque de cámaras fotos era insignificante y aparecer en una fotografía a cuatro columnas era en sí mismo una noticia, doméstica, pero noticia.

 

Así era la España de los años 60, inocente para las imágenes, llena de gente que sobreponía con alegría una situación social y económica poco halagüeña. “Mi forma de ser -señala el propio Teo- es no quedarme quieto ante a la adversidad, yo no soy de los de ahí me las den todas. Al contrario, cuando mi padre murió mi madre tenía 28 años y cuatro hijos. Ella omenzaba a las cinco de la mañana a trabajar limpiando en el Diana, en Zapatillas Fernández y otros sitios. Yo tuvo que ser un poco sinvergüenza, pero sin hacer mal a nadie.  Robaba muchas cosas para comer. Como decía el meollo de aquella época era la necesidad. Robaba lo que podía, junto con un amigo, a las personas que bajaban del pueblo con remolacha, lomo en aceite y chorizos en las alforjas. Era otro mundo”. Ni siquiera después, cuando tenía la tienda y trabajaba para la Gaceta del Norte sintió que podía relajarse. “No podía ni siquiera llevar a mis hijo de vacaciones a la playa, había comprado una cámara a plazos y debía pagar 50 pesetas al mes; así que mi mujer se ocupaba de la tienda y yo realizaba las fotos para el periódico”.

 

Cree Teo que más de uno al escucharle pensará en las batallitas del abuelo, pero advierte que “como lo jóvenes no sepan escuchar a los mayores mal van, porque se aprende de lo de atrás, de la historia, de toda esa gente que se ha esforzado y ha sudado mucho para ofrecerles lo que hoy tienen. A mí me dieron un consejo: “Teo en este mundo como se aprende es a hostias”.

Con sus Nikon F y F-2 motorizadas era la imagen del reportero que veíamos por la tele. Como a tantos otros, le tocó revelar, fijar en un minuto, pasar por el agua, secar con una gamuza húmeda y con el negativo en ese estado positivar a la velocidad del rayo para mandar las fotografías por el telefoto al periódico. Los últimos trabajos de Teo para la prensa versan sobre la transición y la llegada de los partidos políticos. En la actualidad, Teo tiene 88 años, un humor excelente, miles de amigos que dejó por todos los pueblos y una afición: la Fotografía. A su edad sigue fotografiando y es un jovial devoto de las técnicas digitales; eso sí, sigue sin interesarle la estética y la belleza aparente. 

 

¿Y qué le parece a Teo el documental sobre su vida? “Pues que yo he hecho mucho más -bromea socarrón que lo reflejado en la película, debería durar al menos tres horas”. Después se pone serio. “De lo primero que me acuerdo es de mi madre. A mí no me mataron ningún familiar directamente en la guerra, pero mi padre regresó deshecho, destrozado, pasó un mes en cama y murió. Le dijo a mi madre: “Isabel en la flor de la vida nos separamos”. Yo estaba cortando leña en la calle. Mi tío vino a buscarme y me dijo: “pasa adentro si quieres despedirte de tu padre”. La vida ha hecho de Teo un hombre duro, inquebrantable, pero reconoce que al contemplar la vida de su madre en el ordenador mientras el documental cobraba forma mojó hasta dos pañuelos. “Hay cosas que se olvidan y otras que no se pueden contar”. Un sensibilidad y una capacidad para emocionar que se percibe en todas y cada una de sus imágenes, en eos encuadres precisos y únicos que cuentan por sí mismos. Teo Martínez, fotógrafo desde la necesidad./Javi Muro.

 

* 'Teo, Teo que ves' se estrena el jueves, 29 de noviembre, en el teatro Bretón.

 

* Equipo de rodaje de 'Teo, Teo que ves':

Jefa de producción: Mila Ruiz

Dirección de fotografía: Carlos Traspaderne

Música original: Carlos Núñez

Edición y Post-producción: Emilio Blaxqi

Cámaras: Imanol Legross y Carlos Traspaderne

 

 



Autor: Javier Muro
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