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{CULTURA / EXPOSICIONES}

De madres, grietas y fisuras

Clara Larrea expone 'Arborecer' y reflexiona sobre la idea de madre

“En el origen de ‘Arborecer’ conviven una fisura y una grieta”. La fotógrafa Clara Larrea detalla que el proyecto que ahora expone en la Sala Tondón de Briñas (La Rioja) comenzó hace diez años más o menos. Cuenta Clara que en aquel momento se enfrentaba a su propia maternidad. “Me enfrentaba -cuenta- a la de decisión sobre si quería ser madre o no quería ser madre”. Ese debate interno tuvo como consecuencia el descubrimiento “de la magnitud de la palabra madre y de la existencia de tantas definiciones de ‘madre’ como mujeres en el mundo”.

 

Más aún. “Descubría todo lo que una mujer, por el hecho de nacer mujer, tiene que afrontar con respecto a su maternidad”. Si quiere ser madre o no, si lo desea, si la vida le empujo a serlo; si lo desea y no puede, “y toda decisión, sea cual sea, conlleva una carga. No una carga desde un punto de visto negativo, sino una carga en función de la decisión que tomes”.

 

Clara Larrea resalta que “si quieres ser madre y pares, digamos fácilmente, eso ya es complicado. Y aún así es lo más fácil. Si no quieres ser madre existe un juicio social detrás y quizá también, si quieres y no puedes”.

 

En ese punto de su propio debate, Clara decidió buscar la definición de madre fotografiando a todas las mujeres de su vida y de paso homenajearlas. “Quería hacerles -explica- el monumento que se merecen. Resultó que para mí también fue un proceso terapéutico”.

 

La fotógrafa comenzó a retratar a las mujeres de su vida y les preguntaba qué significaba para ellas ser madre. “Les daba -recuerda- unos segundos para que recapacitaran y les pedía que con una emoción me mostraran a cámara su definición. Era ese preciso instante, porque igual un mes después o pasados diez minutos la percepción podía cambiar”. La aleatoriedad de las emociones resultaba esencial para Clara: “Creía que así quizá llegaría a la definición de madre; mientras yo continuaba con mi propio debate sobre la maternidad”.

 

Larrea precisa que el proyecto quedó a medias. “Lo paré y poco a poco se me fue olvidando, pero el fallecimiento de mi madre hizo que lo retomara. Otra vez la palabra madre volvía a coger fuerza dentro de mí; veía que aún era más grande de lo que yo había imaginado y quise seguir adelante con el proyecto”. Ahora, la serie de fotografías se ha convertido en la pieza principal de ‘Arborece’. La colección de retratos se denomina ‘Madres madera’. “He impreso en troncos las fotografías y los he acompañado de frases de diferentes autoras”. Son 99 retratos de mujeres sobre torzas lijadas.

 

Poco después del fallecimiento de su madre, relata Clara, conducía por una carretera de montaña en sentido a Posadas. “Pensaba que no había tenido hijos, no tengo ramas, he perdido a mis padres, no tengo raíces”. Circulando rodeada de bosque, “me imaginé como un tocón en suspensión, un árbol que pierde el suelo de golpe y no tiene raíces, que se queda flotando y entonces tuve una suerte de epifanía. Salió el sol y las sombras de las ramas se proyectaron sobre el árbol que miraba en ese momento”.

 

La imagen resultó emocionante para la fotógrafa. “No tenía hijos, había perdido a mis padres, pero tengo que red de personas increíbles sosteniéndome -se emociona al relatar el momento- y ahí surgió una segunda obra que representa esa gratitud que siento por mi familia, por mis amigas y amigos, por todo el que me sostiene”. De ese encuentro surge el tocón en suspensión que representa la segunda de las piezas de la exposición.

 

La tercera propuesta de la muestra “tiene también ese carácter de préstamo. Son todo materiales prestados de la naturaleza”. Al poco tiempo de fallecer su madre, Clara encontró una piedra en un pantano con forma de corazón, “de corazón fisiológico”, precisa la artista. 

“El corazón -describe- estaba desprotegido en el pantano. Lo cogí y cuando llegué a casa, busqué una urna, quería protegerlo y cuidarlo. Esa urna fue una pecera que decidí llenar de tierra, depositar el corazón de piedra, que estaba un poco agrietado, y poner semillas en la tierra”. La idea de Clara era que las semillas brotaran y sus raíces agarraran en el corazón. “Lo cierto es que el entorno del corazón comenzó a coger vida y la perspectiva que ofrecía variaba a diario. De alguna manera, lo miraba y el corazón me contaba cómo estaba; unos días como tristón, otros más acompañado. Yo iba fotografiando y, de vez en cuando, cuando las plantas morían, trasplantaba el corazón”.

 

Cuenta Clara que sacaba el corazón de la pecera con cuidado porque cada vez se iba agrietando más. “Limpiaba la tierra, ponía otras semillas y colocaba de nuevo el corazón, fotografiándolo a día tras día”. Como resultado, un diario que se puede ver y tocar se expone junto al corazón -recompuesto por el ‘Gardenista’ finalmente- en ‘Arborecer’. 

 

La cuarta y última obra la componen unos nidos. “Un símbolo de madres, padres, de vida, de familia, de maternidad, de protección. Son nidos que han ido apareciendo en mi vida y los he cogido prestados -ya estaban vacíos, obviamente. Cinco nidos sobre un tronco ejercen del cierre de la exposición.

 

Clara no duda: “el fallecimiento de unos padres es muy duro. Refugiarme en el proceso creativo y sentirme acompañada ha sido súper bonito, ha sido terapéutico”.

 

En su faceta profesional, Clara Larrea enfoca su carrera ahora hacia la fotografía de arquitectura tras años en el fotoperiodismo. “Sí una fotografía en la que prima la luz frente a la notica; es una fotografía muy creativa”./Javi Muro

 

'Arborecer' puede visitarse hasta el 27 de septiembre. Sala Tondón. Briñas. La Rioja.

Fotografías cedidas por Clara Larrea

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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