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{CULTURA / FOTOGRAFíA}

El instante volatil del bosque incierto y atrayente

La fotógrafa María Antonia García de la Vega expone en las jornadas del Photomuseum Zarautz

  El proyecto fotográfico ‘Memorandum natura’ de María Antonia García de la Vega salta del libro a las paredes del Photomuseum de Zarautz (Guipúzcoa) para participar en las XXIV Jornadas Fotográficas. La exposición, compuesta por 25 imágenes que reivindican la contemplación y el silencio.


Las fotografías de García de la Vega –describe el catálogo de la muestra- se caracterizan por los delicados matices del blanco y negro de las copias, reveladas por la propia autora, y por la sensibilidad de unas imágenes que son el resultado de seis años de viajes y paseos por bosques de la península Ibérica y de Canarias”. Imágenes realizadas al caminar por el paisaje nebuloso del castañar de El Tiemblo en Ávila, el antiquísimo bosque de laurisilva del terciario en La Gomera o el bosque junto al castillo de Sintra, en Portugal. Fotografías que capturan la serenidad de los bosques de San Estevo en la Ribera Sacra de Lugo, las Fragas del Eume (A Coruña), la Selva de Irati (Navarra), el pinar de Valsaín (Segovia) o del bosque de Urbasa y el nacedero del Urederra, de nuevo en Navarra.


Rodeada del silencio primitivo del bosque –resalta el dossier-, la autora ha buscado detener la magia de la luz, con las brumas del amanecer o las intrincadas texturas de los árboles para transmitir esa tranquilidad que tanto nos falta en estos tiempos. Las imágenes se relacionan con ese lado oculto, ancestral que nos une a la naturaleza, en este caso representada por el bosque; ese lugar tenebroso, a veces incluso fantasmagórico y a la vez placentero, que tiene una profunda carga simbólica en nuestra cultura”.


En la introducción de ‘Memorandum natura’, Virginia de la Cruz Lichet recuerda que “desde los inicios de la fotografía, la naturaleza fue fruto de inspiración, al igual que lo fue para los pintores. Si los artistas románticos buscaron su aspecto más sublime, imponente e infinito, otros hallaron en ella un lugar lleno de serenidad, como un encuentro con la madre-tierra, una suerte de emplazamiento amniótico que nos resguarda del exterior. Este panteísmo natural lo encontramos en las fotografías de María Antonia García de la Vega: imágenes sencillas, delicadas y suaves que nos dejan entrever la naturaleza en su intimidad: sus curvas, sus gestos, sus movimientos".

 

Señala De la Cruz que la fotógrafa nos introduce en esos bosques neblinosos cuya profundidad “se construye al más puro estilo friedrichiano, yuxtaponiendo planos de luces y sombras y creando pequeñas zonas inciertas pero atrayentes. De esta manera nos conduce por sus caminos hasta el epicentro natural, donde todo nace, donde podemos encontrar el origen mismo de la vida”.
En el prólogo del libro de García de la Vega también pueden encontrarse referencias a otros artistas y otras disciplinas. “Si bien encontramos sonoridades abstractas –apunta De la Cruz- propias de las composiciones o improvisaciones de Kandinsky o de Schönberg, hay algo en las fotografías de María Antonia que nos habla de ella misma, de su experiencia en la naturaleza, de sus paseos privados. En ese deambular, casi hipnótico, nos hace detenernos, a través de su mirada, en el ‘punctum’ de su naturaleza. Al igual que Richard Long, esta Naturaleza es capaz de hacernos llegar un estado meditativo, introspectivo, hasta el punto de alcanzar un éxtasis estético que nos sitúa entre el cielo y la tierra”.


De alguna manera, al observar las fotografías de García de la Vega se activa el instinto del espectador que sabe que lo que está viendo se va a esfumar en un soplo. “Ese instante inabarcable, vaporoso y sutil hace de cada imagen la sensación de poseer algo que va a desvanecerse para siempre. Tan volátil como un aroma, tan sutil como el vuelo de una mariposa, tan efímero como la floración primaveral. Qué contradicción resulta todo. Por un lado lo perecedero, lo efímero, lo volátil; y por el otro, lo permanente y eterno, lo repetitivo en forma de bucles cíclicos, lo imponente; contrastes todos ellos en continuo equilibrio natural”./Javi Muro


* XXIV Jornadas fotográficas del Photomuseum Zarautz. Hasta el 1 de mayo.

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