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{CULTURA / LIBROS}

'Al escribir, escupir sangre es equivalente a un compromiso vital con tu obra'

CARMEN SANCHEZ ha publicado el poemario 'Blanca heterosexual'

Carmen Sánchez (Jaén, 1982) es profesora, editora y poeta. La relación con los libros la ha heredado de sus padres -grandes lectores- hasta el punto de disfrutar rescatando libros olvidados que nadie quiere, que pueden estar rotos y presentar heridas, si tapas, sobre todo si pertenecen a los 40 o 50. 'Blanca heterosexual' es su último poemario, más complejo y con un voz más cruda -asegura- "respecto a la iniciática de la poeta de 27 años". Carmen apunta que la poesía l permite trascender y "conectar con mi parte más oscura"./Javi Muro


SPOONFUL.- “Para escribir hay que escupir sangre” dices en uno de tus últimos poemas. ¿Hasta que punto es preciso entregarse completamente?

En el momento actual, bajo mi punto de vista, muchos 'escritores y escritoras' no se comprometen con su obra, solo al momento del postureo efervescente. Citan a los tres autores o autoras de referencia en el candelero y apaga el chiringuito. Escupir sangre es equivalente a un compromiso vital con tu obra, una actitud de vida, una entrega del alma a la poesía, de mano de pensamiento creativo y la filosofía. ¿Qué hace un poeta que no lee filosofía? Y me da igual que me llamen elitista o esnob por esto. 

 

S.- Profesora, editora, escritora, siempre relacionada con los libros y la literatura, ¿siempre quisiste escribir?

Siempre. Mis padres mi ejemplo al respecto; son grandes lectores y grandes creadores. Luego me tragué las pelis de Indiana Jones y quise ser profesora de universidad, pero no con tanto peligro alrededor. Soy miedosa y padezco de vértigos.

 

S.- ¿En qué se diferencia ‘Blanca heterosexual’ de tus anteriores poemarios?

Este último poemario es la disrupción respecto al resto. La voz es más cruda y he mudado la voz inciática de la poeta de los 27 años. Aquí, en 'Blanca Heterosexual', trato temas complejos: violanciones colectivas, abortos naturales y su trauma, la apetencia sexual de una mujer heterosexual, la ausencia de sororidad entre las mujeres, los modelos políticos nada inocentes del feminismo moderno, el colonialismo ideológico… 

 

S.- Ya el título del poemario parece jugar entre diferentes conceptos, como si fuera una declaración de intenciones.

Sí: totalmente. Todavía no me han censurado. Entiendo que cuando el lector o lectora se acerca al libro comprende la fuerte crítica que existe sobre los temas antes mencionados.

 

S.- ‘Blanca heterosexual’ está dividido en dos partes, ¿no? Tahar y Jatta; una más social, más de denuncia; y la otra más relacionada con el cuerpo, el deseo o el erotismo.

Sí. El primero es como una confesión de la mujer marginada, más marginada entre las marginadas, sobre diversos temas, centrado en un tono más espiritual, aunque cruelmente humano; el segundo es un respiro hacia el erotismo, tal y como lo comprendo yo desde mis diversas lecturas. El goce del cuerpo visto por una mujer que aprecia la poesía de Horacio.

 

S.- Habitualmente es el cuerpo femenino -tan en poesía como en otras artes- el que es objeto de observación. Le das una vuelta a esa ‘tradición’, ¿no?

Pues no lo sé; creo que intento continuar la tradición de todas aquellas mujeres que han escrito desde este punto de vista, pero no lo hago, eso sí, desde la mojigatería del halo especial que cubre a la mujer como  “emporaderada”. No; lo hago como poeta y mujer que reconoce su propio deseo y fantasías como humana. 

 

S.- ¿Crees que todavía existen tabúes cuando una mujer escribe sobre sexualidad desde una voz propia?

Cada vez menos, aunque depende del país en el que estés y la libertad de pensamiento que tengas. Recordemos que cientos de hombres y mujeres no pueden hablar de esto, ni de otros temas porque sus leyes estatales no se lo permiten. Antes de que aquí nos callen, hablemos sobre ello. 

S.- En ‘Blanca heterosexual’ conviven la denuncia, el deseo, la rabia y también cierta celebración de la vida. ¿Cuál es el nexo que encuentras para que los poemas cohabiten con tanta sintonía en el libro?

Supongo que es la admisión de que un espíritu vital como el que tengo, creo yo, sabe y acepta todos estos aspectos poliédricos de una existencia. La vida no es un orden de aguacate y te matchá. No. La vida es sangre, carne y flores. Si no lo aceptas así, eres un conato de existencia.

 

S.- Cómo hablábamos al principio, ¿Qué significa para ti la escritura, refugio, resistencia, ajuste de cuentas o una forma de conocimiento?

Creo que un poco de todo. Refugio y bálsamo, escudo protector que me protege de los narcisistas y demonios sociales que cohabitan entre nosotros. Resistencia, porque no dejo de intentar ser un poco beat, aunque sin drogarme, eso sí. Forma de conocimiento: siempre afirmo ser hija del conocimiento, aunque sepa poco de casi todo.

 

S.- ¿Es preciso vivir las experiencias para poder escribir o la imaginación es la herramienta esencial? “Para escribir hace falta latir desde dentro, cuando ya te has quemado desde fuera”, se lee en tu poema.

Creo que para ciertas producciones tenemos que leer la vida, experienciarla. Un escritor ha de leer, escribir y vivir. Todas las existencias son sagradas y maravillosas, aunque parezcan rutinarias y poco interesantes. El éxito es observar las ballenas azules encima de nuestras cabezas cuando acudimos a trabajar.

 

S.- ¿Defiendes la idea de escribir para ti y no para el lector? ¿La practicas? “Escribir es gustarte. No gustar”, dices en tu poema.

Sí. Escribo lo que me apetece. No pienso en el lector, la verdad. Así te libras de esa esclavitud. Como en la editorial: edito lo que creo que es editable. No sigo las corrientes. ¿Para qué? Es liberador escribir lo que yo deseo. Luego, si gusta o no, no es mi problema. 

 

S.- ¿Alguno de los poemas ha sido realmente duro de escribir? De los de escupir sangre.

Sí. Algunos poemas se han creado a lo largo de dos años. Eso de “escribo lo primero que se me viene a la cabeza” es una insensatez. Una idea puede venir de repente y ser buena, pero los textos hay que pulirlos. Es duro reproducir esa idea y seleccionar las palabras que la hagan increíble. Duro también rememorar o recrear la temática de algunas de estas composiciones.

S.- Al final, en el poemario hablas de supervivencia, de vivir entre las luces y las sombras, de reconciliación, ¿no?

Sí. Perdonarnos a nosotros mismos, con todo lo de marfil y ceniza que hay. Sin problema. Yo recojo mi mochila y la voy llenando y vaciando. No pasa nada. No somos perfectos. Somos humanos. 

 

S.- ¿Qué te permite la poesía que no te permite la investigación académica?

La poesía me permite trascender y conectar con mi parte más oscura.

 

S.- ¿Qué libro te hubiera gustado escribir?

La princesa prometida.

 

S.- ¿Qué poeta o poetisa consideras esencial?

Todos.

 

S. ¿Qué queda en ti de ‘Fui una niña prestada’ a la mujer que escribe 'Blanca heterosexual'?

Queda el enigma de observar, con paciencia, lo próximo que publicaré.

 

S.- “Escribir será tu vida, tus entrañas íntimas; trazar palabras: cuajarte de mala uva, de ingenio, salir a la calle, anidar en la gresca, confeccionar el noble arte de ser única. Para escribir, definitivamente, has de santiguarte con el lápiz”. Una definición bastante realista, ¿no?

Sí. Un lema para un ejército de poetas pensantes, que resume una filosofía vital. 

 

 

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