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{CULTURA / LIBROS}

'El siglo XIX es el siglo de Oro de La Rioja, nada pasaba en el Estado que no pasara antes por La Rioja'

Marcelino Izquierdo presenta 'La duquesa que pudo reinar', la mujer que hizo grande a Espartero

Periodista de oficio e historiador por vocación, Marcelino Izquierdo ha convertido la investigación histórica en una pasión capaz incluso de sanar heridas personales. Tras más de cuatro décadas en la prensa, encontró en el siglo XIX riojano un filón de personajes fascinantes y poco reivindicados. Su último libro rescata la figura de Jacinta Martínez de Sicilia, la mujer que pudo haber sido reina de España y que, desde la sombra, influyó decisivamente en la vida y las decisiones de Espartero. Culta, políglota y adelantada a su tiempo, Jacinta emerge en esta conversación como una de esas mujeres olvidadas por la Historia oficial.

 

'La duquesa que pudo reinar' (Editorial SinIndice) es un libro de historia de España, no sólo de Logroño, que se adentra en la vida de Jacinta, un personaje logroñés relevante a nivel nacional. Aparece en la prensa, las revistas del Siglo XIX y no lo hacen más de tres o cuatro mujeres en más. Es una figuara a la altura de regentas, primeras damas esposas de primeros mnistros y presidentes del Gobierno y pudo reinar... aunque convenció a Espartero su marido, para no hacerlo

 

El escritor riojano reflexiona también en el libro sobre la importancia de conservar la memoria colectiva, el valor del patrimonio riojano y la necesidad de contar historias que expliquen quiénes somos./Javi Muro

 

SPOONFUL.- ¿siempre quisiste ser periodista o siempre quisiste contar historias?

Siempre quise contar historias. De hecho, me hubiera gustado haber estudiado cinematografía, pero, como era el año 76 y mi familia era una familia de trabajadores del Casco Antiguo de Logroño, no se podían permitir el lujo de mandarme a París a estudiar cine, con lo cual al final elegí periodismo. Tuve que ir a Barcelona a estudiar periodismo. Íbamos a ir a Madrid -tengo mucha familia en Madrid-, pero un decreto del gobierno nos obligó a los riojanos, vascos, navarros, aragoneses a ir a Barcelona a estudiar y bueno, la verdad es que la universidad en ese momento era la mejor.

 

S.- ¿Y qué tiene la historia que te atrae tanto?

Bueno, a ver, a mí, como decías, yo soy un contador de historias y me gusta contar historias, entonces en un momento dado el periodismo de provincias, por decirlo así, es un periodismo un poco repetitivo, un poco endogámico. Entonces, al cabo de llevar ya una década trabajando, viendo las mismas caras, cada año los mismos actos, las mismas historias, pues tenía que buscar una salida. A mí la historia siempre me había gustado y el cine, y de hecho hice cine en su día, pero claro, el cine necesitas una producción tremenda y en cambio para escribir necesitabas, en esa época, tan sólo una máquina de escribir -luego ya un ordenador. 

 

S.- Y empiezas a escribir…

Empecé a escribir a raíz de unos cuentos que tuvimos la oportunidad de publicar en el periódico. La gente me decía, “oye, pues que te salen muy graciosos los cuentos, así que me animé. Descubrí que me gustaba escribir y estamos hablando cuando yo tendría ya a lo mejor 35 años.

 

S.- ¿Cómo domas la historia para transformarla en un relato novelado y que sea atractiva, que vaya más allá de los datos y de las fechas que invite a leer?

 

Si trabajas escribiendo todos los días tienes la suerte de tener el oficio ya totalmente asimilado. Algo que para mucha otra gente es más difícil, eso primero. Y segundo, todo es un aprendizaje.

 

Mi primera novela, que era sobre Martín Zurbano, fue un poco iniciática, me enseñó, empezó a enseñarme cosas. Luego vas mejorando. Pero lo más divertido de escribir novela histórica o ensayo histórico, lo más divertido para mí, es sobre todo es la investigación. Es como si componer un puzle. Tienes cuatro o cinco piezas y debes ir buscando el resto de las piezas para ir completando la historia que quieres contar. Que a veces es la que tú quieres contar y a veces la historia tiene su propia vía.

 

Y luego, claro, en historia, sobre todo ya si escribes ensayo, tienes que comprobar todas las pruebas, leer mucho, entrevistar a mucha gente. Una vez que ya tienes todo, realizas tus propias deducciones. La historia es deductiva, no inductiva. Pero investigar es lo más divertido.

 

Investigar lleva mucho tiempo, claro, cuando trabajas en un periódico ocho, nueve, diez horas todos los días, tienes que sacar ratos libres, robarlos a la noche, robarlos a tu familia. Pero también es una forma de, no sé, es una forma de curación. Es algo curativo, algo pedagógico incluso.

 

S.- Si haces algo que te gusta, estás mejor.

 

Claro, claro. Yo he trabajado muchas noches en el periódico y salía a las dos, a las tres de la madrugada, y me despedía de los compañeros y decirles que tengo un libro del siglo XVI que voy a leer. Pero tú estás loco, ¿cómo te vas a poner ahora a leer un libro del siglo XVI después de diez horas trabajando? Para mí representaba una distracción. Igual el sufrimiento han sido esas horas trabajando.

 

Después tuve la mala suerte de que mi mujer falleció hace siete años y a mí me ha salvado sobre todo en estos últimos años -aparte de mi hija- la literatura, la historia, la investigación. Estaba acabando mi proceso vital como periodista. Con lo cual, si yo me hubiera encerrado en casa y hubiera estado todo el día en casa sin hacer nada, me hubiera vuelto loco. Con lo cual escribir e investigar la Historia fue para mí una terapia.

 

S.- ¿Cuál es ese personaje histórico que más te ha llamado la atención, tu favorito?

 

No sé... A veces en el proceso de investigación, de documentación, cuando estás buscando datos sobre personajes, de repente aparece alguien que dices... que vida, qué acontecimientos le ha tocado vivir, que influencia…

 

Cuando empecé con Martín Zurbano, que era un general de la Primera Guerra Carlista que había sido contrabandista, un tipo de Varea, labrador y seminarista, la verdad es que me enamoré porque es un personaje romántico. A mí la época del romanticismo del siglo XIX es de las que más me atraen. Pero también te das cuenta de que era un hombre de su tiempo. Era muy romántico, pero también un animal de bellota, un tío muy sanguinario. Pero tampoco podemos analizar la historia desde el presentismo; cada época tiene lo suyo. 

 

S.- Si tienes que elegir una época para investigar…

 

Me quedaría con el siglo XIX de La Rioja. En realidad, más que con un personaje, me quedaría con los muchos personajes que conviven en esa época, muy diversos, políticos, militares, escritores, científicos, médicos, músicos... Con toda esa gente que hizo que , en mi opinión, el siglo XIX sea el siglo de oro de La Rioja.

 

S.- Una sociedad que se enriquece por influencia de unos y otros.

Es como la pescadilla que se muerde la cola. En el siglo XVI, a raíz de la resistencia al cerco del ejército francés, Logroño se convierte en una ciudad mucho más importante de lo que era, gracias a los privilegios concedidos por Carlos V. Luego, siendo frontera con Navarra y camino de Santiago, en el siglo XVI, La Rioja se convierte, y Logroño en particular en una ciudad mucho más interesante.

 

En el siglo XIX pasa algo parecido. Empezamos por Salustiano Olózaga, que nace en Oyón, porque su padre estaba trabajando de médico allí, pero era de Arnedo. Luego viene Espartero, posteriormente Sagasta, y después Amós Salvador.

 

Se puede decir que casi desde los años treinta o veintitantos hasta principios del siglo XX, no había nada en España que no pasara antes por aquí, por La Rioja. La prueba tiene la cantidad de reyes, primeros ministros, que visitaron la región porque había un caldo de cultivo muy importante en esa época en La Rioja. Además, también llegan los franceses con el tema de la filoxera en el vino.

 

La Historia en realidad va confluyendo. A veces sí que se retroalimenta, pero a veces también son algunas situaciones inconexas en teoría entre sí que se mezclan en un único punto. Y eso hacen que una ciudad, una región destaque o gane protagonismo. Un ejemplo es mi último libro ‘Jacinta, la duquesa que pudo reinar’ trata de un personaje riojano, pero es un libro de ámbito nacional. 

S.- Tengo la impresión de que los riojano conocemos poco nuestra Historia.

 

Sí y me da mucha rabia. Desde que era joven veía que en La Rioja se investigaba muy poco sobre nuestra Historia; los riojanos conocemos muy poco nuestra Historia y la valoramos muy poco. Tanto nuestra como nuestro patrimonio, que es increíble. Me da rabia que no se valore. Pero no porque sea mejor que la de Andalucía o la de Finlandia, sino porque es la nuestra. Y la tenemos que defender. No desde un punto de vista ni chovinista, ni nacionalista, sino desde un punto de vista de conocer nuestras señas de identidad.

 

S.- ¿Qué te llevó a adentrarte en el personaje de Jacinta?

 

Cómo te comentaba a mí el siglo XIX me apasiona. Me hubiera gustado mucho haber vivido en esa época, aunque ahora se vive veinte veces mejor. Todo surgió a raíz de leer el trabajo que el catedrático de la Universidad de York, de Toronto, Adrian Shubert, escribió en el año 2016 creo que fue, ‘Espartero el Pacificador’, que fue todo un bestseller a pesar de ser un libro de 800, 900 páginas. Lo leí, me encantó y, posteriormente, tuve la suerte de coincidir con Suber y entablar amistad con él.

 

Él había venido a investigar a Logroño varias veces y luego coincidí con él también en Madrid, por lo cual nos hicimos amigos. Siempre me decía que le daba mucha rabia haber escrito la biografía de Espartero y no haber escrito la biografía de Jacinta, que calificaba como una mujer superior que merecía por sí misma una investigación. 

 

Shubert estuvo diez años investigando a Espartero, aparte de trabajar en otras muchas cosas. Cuando yo me jubilé tenía mucho más tiempo y tenía que hacer algo como método curativo. Fue entonces cuando empecé a trabajar en Jacinta. He investigado muchísimo, he estado cuatro años de investigación.  Cuando terminé el libro no me gustaba y lo volví a empezar Lo escribí de nuevo. Esta vez como crónica periodística, pero de una forma mucho más depurada de lo que a lo mejor escribimos en periodismo. 

 

Se lo envié a Adrian Shubert a Canadá. Ya sabes que los periodistas a veces somos un poco arriesgados, allanabarrancos, que se dice en La Rioja. La pedía que me dijera qué fallos encontraba aprovechando su amistad. La sorpresa fue cuando me dijo que le gustaba mucho el libro y que le agradaba mucho que lo hubiera hecho yo.

 

Fue entonces cuando le pregunté: ¿No me harías el prólogo? Y dijo que sí. Luego dio la casualidad que iba a venir a España, porque se está viajando por todo el mundo a congresos internacionales, y me propuso acercarse unos días antes a Logroño y presentar el libro juntos. Es una figura internacional. No cobró nada, un encanto de persona. 

 

S.- Ahí surgió el interés por investigar sobre Jacinta.

 

Sí, es lo que me empujó un poco a estudiar a Jacinta.  He recorrido muchos sitios y enviado y estudiado muchos archivos, gracias a Internet he llegado a muchos sitios, he podido entrar en fondos del Museo Británico, por ejemplo, también en Archivos de Francia también, en la Biblioteca Francesa, también en España, lógicamente. He descubierto cosas que eran absolutamente desconocidas. 

 

S.- Sin hacer destripar el libro, ¿quién era Jacinta? ¿Y realmente pudo reinar?

 

A ver, sí pudo reinar, por supuesto que pudo reinar. Espartero, era un hombre muy querido en toda España. Lllega a ser regente del país, o sea, el número uno de España. cuando Isabel, la futura Isabel II, era una niña. Luego, en 1854, llega a ser presidente de gobierno, pero él se retira a Logroño porque no le gustaba la política.

 

Él era feliz aquí en Logroño, entre su palacio y la finca de la Fombera, que es donde tenía sus huertas. También sus viñas. Era feliz allí, pero en un momento dado, Prim, cuando ya Isabel II es expulsada del país, España empieza a plantear si tiene que ser una república o una monarquía. Siempre había sido una monarquía. Prim y otros líderes políticos se dan cuenta de que los españoles todavía no estaban preparados para una república. Entonces le pide a Espartero que haga su último sacrificio y que sea rey.

 

En realidad, es un ofrecimiento trampa porque Espartero ya tiene su edad y sabe que va a gobernar cinco, diez años, como mucho. Los políticos lo que querían es ganar el tiempo suficiente para que la gente, para que el pueblo, cambiara un poco la mentalidad, y fuera más constitucionalista que lo había sido hasta ese momento. Para constatar si el pueblo, poco a poco, estaba preparado para asumir una república. Pero Espartero no quiere salir de Logroño, pero sobre todo la que no quiere que vaya es Jacinta, que Jacinta era, su primera asesora.

 

Espartero era totalmente dependiente de Jacinta, no solo desde un punto de vista emocional, como marido y mujer, sino también desde un punto de vista político, económico... Ella era, por decirlo así, su jefa de gabinete, porque era una mujer muy culta y muy inteligente. Ella no quería que él fuera rey, aunque ella hubiera sido reina.

 

¿Por qué? Porque sabía qué si iba a Madrid, Espartero con dos o tres disgustos, pues posiblemente se hubiera ido al otro barrio y ella lo que quería es seguir viviendo en Logroño, junto a su marido, viviendo bien y felices, porque tenían dinero, tenían tierras, tenían de todo, y no le interesaba ser reina. Los promotores de la idea lo intentaron varias veces y nunca lo lograron.

 

Espartero, desde que vuelve de Madrid año 54, 56, hasta su muerte, 1879, estamos hablando de décadas, solo sale una vez de La Rioja. Lo llevan en tren, del que era accionista el matrimonio, y van a Tudela y regresan. Él era feliz en Logroño, los dos eran felices en Logroño.

 

S.- La Historia siempre tratando a las mujeres como personajes secundarios, ¿no?

Jacinta era una mujer que, a pesar de casarse con 16 años recién cumplidos, cuando Espartero ya tenía 34 años, para 35, era una mujer de una de las familias más ricas del norte de España, era huérfana, sus padres mueren y está a cargo de sus abuelos. Pero ella está acostumbrada a ir todos los años, tres, cuatro veces, a los balnearios de Francia, del norte de Navarra. Es una mujer que no va a la escuela, no había escuela para mujeres, pero que tiene profesores particulares en casa.

 

Estudia francés, estudia matemáticas y literatura, y después cuando está en Inglaterra, en el exilio con Espartero, aprende inglés. Es una mujer muy culta. Como menciono en el libro, “se dice que detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer, en este caso se puede decir que detrás de una gran mujer hubo un hombre que llegó a lo máximo”.

 

Sin ella, Espartero no hubiera llegado hasta donde llegó, y eso está demostradísimo. Shubert es la persona que más sabe de Espartero en el mundo, lo ratifica, lo ratificó. Las mujeres siempre han estado un poco olvidadas. Y Jacinta es una de las muchas mujeres que pasaron por la Historia con un papel fundamental. 

S.- ¿Se puede decir que es una mujer adelantada a su tiempo?

 

Muy adelantada a su tiempo, es una mujer muy adelantada.  Es una mujer que era mujer muy culta, conocía a casi todos los escritores, a músicos, a muchísima gente y se carteaba con ellos, se carteaba con Isabel II, se carteaba con pedagogos. Ella fue la que puso la primera piedra en Madrid para que años después se fundara la primera escuela de maestras. Por ejemplo, es muy curioso que Marx hablara de ella, a Karl Marx conocía a esta mujer.

 

Pero es que Washington Irving, el escritor mundialmente conocido por los cuentos de la Alhambra, por Sleepy Hollow, era el embajador de Estados Unidos en España y en sus memorias le dedica tres o cuatro páginas que se publican cuando él ya ha muerto. Las publica su sobrino y demuestran que estaba enamorado de ella, no desde un punto de vista romántico, sino platónico. Estaba casada con el regente de España en ese momento, pero Irving estaba enamorado de ella.

 

Debía de ser una mujer muy atractiva. Las descripciones que hace de ella y cómo habla de ella, no desde un punto de vista físico, sino desde un punto intelectual así lo demuestran Sobre todo debía ser una mujer muy elegante, con mucho porte, con mucho don de gente,  y muy culta.

 

Jacinta hace de relaciones públicas a Espartero. Habla inglés y francés, hablaba con los embajadores, hablaba con otros políticos porque como su familia era muy rica, tenía mucho contacto con las familias más pudientes de España en ese momento. Pero es que luego le sirve de espía también, en tres o cuatro ocasiones es espía, hace de espía a Espartero. O sea, no voy a contar cómo ni por qué, porque tampoco quiero destripar el libro, pero ella hace de espía y le hace muy bien.

 

Casi todos los errores que Espartero comete como político, porque Espartero era un militar buenísimo, pero como dejaba mucho que desear, casi siempre se producen cuando Jacinta no está a su lado. Y eso que se escribían continuamente. Tenemos muchas cartas, 400 cartas más o menos de Espartero a Jacinta, el problema es que no tenemos apenas cartas de Jacinta a Espartero porque no han aparecido. No tenemos esa documentación.

 

S.- Se nota qué has disfrutado del trabajo de investigación.

Es como te digo, es el trabajo más bonito. He leído mucho, he consultado muchísimos libros. De hecho, hay 10 o 12 páginas al final del libro que ofrecen una bibliografía seleccionada. Han sido 4 años de investigación y 2 años de escritura, 6 años de trabajo. Me lo he pasado como los indios, muy bien, como los chiquillos. 

 

S.- ¿Se investiga de manera diferente cuando se es periodista? 

Hombre, a ver, el periodista tiene una cosa muy buena, el periodismo te ayuda a hacerte preguntas. Primero estudias una carrera de 5 años, en nuestro caso. Luego estás trabajando, en mi caso 43 años, y claro, al final empiezas a buscarte tus fuentes. Y sabes, tienes que saber que para contrastar una noticia no la puedes saltar a la primera, sino que tienes que contrastarla. Y por suerte yo soy de la época en que eso se respetaba. Era una época en que no había que publicar una noticia a toda leche para que te den clicks en internet. Esa seriedad yo la he seguido teniendo también como historiador. Eso es útil. Claro.

 

Como periodistas tenemos herramientas que otra gente no tiene. He tenido discusiones con amigos míos en este sentido, que decían, “yo tengo muy buenas fuentes”, y a ver, eso para mí es un insulto. Es como si una persona es carpintero y yo voy a su carpintería y le digo: “¿cómo lo lijas así? Lo estás lijando muy mal”. me dirá, “oye, tú no tienes ni idea de mi trabajo”. Así que en esas discusiones siempre digo. “tus fuentes no me sirven”.

 

 

Yo no soy historiador de carrera. Pero, claro, después de 35 años escribiendo de historia, pues, a mí los historiadores de aquí me consideran uno más. A mi interesa el saber, el conocer. Siempre he sido curioso. Y luego también el periodismo te hace ser curioso, por naturaleza, ¿no? Y la historia también.

 

 

S.-  ¿Crees que en La Rioja se cuida lo suficientemente nuestra historia, nuestros personajes, nuestro patrimonio cultural?

 

Precisamente, esa es la rabia que yo tengo. Una de mis grandes aficiones es viajar. Conozco más de 60 países. He viajado con mi familia, con mi hija, o yo sólo. Tu vas por ahí y ves en muchos países como cuidan su patrimonio, como conservan su historia y la de sus personajes históricos. ¿Aquí? En los últimos años ha desaparecido la mitad del patrimonio riojano. ¿Quién conoce quién era Espartero? o la Duqesa de Victoria, muy poca gente, incluso, aquí, en Logroño. Quizá saben que es una calle o un paseo.

 

S.- ¿Ha cambiado mucho la política, España y La Rioja del siglo XIX a ahora?

El siglo XIX es una época muy desgraciada para España y el XX no deja de ser una continuación. No podemos olvidar que, mientras en Europa la mayoría de los países mantiene una guerra de defensa contra un enemigo exterior, en España sufrimos tres guerras civiles. Porque en definitiva las guerras carlistas son guerras civiles del Antiguo Régimen contra el liberalismo. Es decir, en España nunca hemos tenido un enemigo común, siempre nos hemos enfrentado unos contra los otros. Quizá por eso seamos tan cainitas. Algo que Goya retrató muy bien en sus pinturas negras.

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