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{VIVIR / VIDA EN LA CIUDAD}
'En medicina una jornada de 10,15 o 24 horas deja de ser un problema laboral para poder ser un problema de seguridad'
ANGELA GONZALEZ MAISO ES RADIOLOGA EN EL HOSPITAL SAN PEDRO
Ángela González Maiso (Logroño, 1991) es médico en el Hospital San Pedro de la capital riojana. Estudió en Barceona. Desempeña su trabajo en la unidad de radio diagnóstico, Comenzó su carrera médica en psiquiatria pero decidió cambiar de especialidad. Volvió a preparar el MIR durante dos años hasta aceder a su actual puesto. Ángela está preocupada por las guardias "de 15, 20 o 24 horas que deben realizar los profesionales médicos" al igual que "por el número de pacientes que deben atender los médicos o el número de pruebas a realizar cada jornada". Todo afecta. "Cualquier actividad profesional que se prolonga durante 10, 15 o 24 horas de forma continuada -explica- entra en un terreno de fatiga incompatible con un rendimiento óptimo. En SPOONFUL hemos conversado con Ángela para enteder y explicar las reivindicaciones del colectivo médico con sus huelgas y concentraciones./Javi Muro
SPOONFUL.- En los últimos meses se han sucedido huelgas y movilizaciones médicas en toda España. Desde tu punto de vista, ¿qué ha llevado a los facultativos a esta situación de protesta?
Las movilizaciones no responden a un conflicto puntual actual, sino a un malestar acumulado durante años, que ha sido sostenido en gran medida por la vocación y el compromiso de los profesionales médicos. Durante todo este tiempo, se ha trabajado en condiciones de una alta sobrecarga asistencial, con jornadas significativamente más extensas que en cualquier otro ámbito laboral; tanto en número de horas como en la ausencia de descansos adecuados. A ello se suman guardias de alta exigencia, junto con una limitada autonomía personal y un reconocimiento insuficiente de la responsabilidad que asumimos dentro del sistema sanitario.
En este escenario, la revisión del estatuto marco vigente desde 2003 generó una expectativa de mejora de nuestras condiciones laborales. A pesar de ello, esta revisión y actual Anteproyecto de Ley, en lugar de dar respuesta a esta situación, consolida un modelo laboral estructuralmente abusivo para el colectivo médico.
Esta situación resulta especialmente llamativa en un momento en el que, en otros ámbitos laborales, se están impulsando medidas para reducir la jornada laboral semanal, limitar las horas extraordinarias y mejorar la conciliación, avances de los que el colectivo médico queda al margen. Todo ello ocurre en un contexto de creciente deterioro del sistema sanitario que, a pesar del esfuerzo sostenido de los profesionales, resulta cada vez más difícil de mantener con unas condiciones mínimas aceptables.
S.- Uno de los principales puntos de conflicto es la reclamación de un estatuto propio para los médicos. ¿Por qué consideran los facultativos que necesitan una normativa diferenciada del resto del personal sanitario?
La normativa básica que regula nuestras condiciones laborales se define en los sindicatos del ámbito de negociación, en los que el colectivo médico no cuenta con una representación suficiente y con capacidad real de influir, debido a nuestro escaso peso relativo dentro del conjunto del ámbito sanitario. Esta situación dificulta que nuestras necesidades específicas sean consideradas y limita de manera significativa nuestra capacidad de intervenir en las condiciones de trabajo que nos afectan directamente, dejando que sean otros quienes decidan sobre nuestras propias condiciones.
La reivindicación de un estatuto propio médico surge de la necesidad de contar con un marco que permita negociar nuestras condiciones de manera auténtica y autónoma. Con un estatuto común, nuestra única vía para plantear mejoras es la convocatoria de huelga, a través de un comité que representa al colectivo ante el Ministerio, lo que evidencia la falta de canales institucionales adecuados para una representación real.
Es importante subrayar que disponer de un estatuto propio no es algo excepcional; lo verdaderamente inusual es compartir un marco común con otros colectivos sanitarios. Antes de la reforma de 2003, los médicos contábamos con unas normas específicas, y desde entonces, la falta de representación en las negociaciones ha contribuido al deterioro progresivo de nuestras condiciones laborales. Además, en la mayoría de los países europeos, los médicos disponen de marcos regulatorios propios, como es lógico: sería impensable que las condiciones de trabajo de los pilotos fueran negociadas por auxiliares de vuelo o controladores aéreos.
S.- ¿Por qué consideráis muchos médicos que ese acuerdo alcanzado entre el Ministerio y sindicatos sanitarios no responde a sus demandas?
Ningún representante del colectivo médico ha participado en la firma de este anteproyecto de ley, lo que significa que nuestras necesidades específicas no han sido consideradas en el proceso de negociación. Además, aunque se argumente que 'todos somos iguales', el propio texto reconoce diferencias claras, y, por supuesto, somos los principales perjudicados: se establecen jornadas de 17 horas diarias (previa de 24) y 45 horas semanales para los médicos, mientras que otras categorías, como enfermería, auxiliares y celadores, mantienen jornadas de 7–7,5 horas diarias y 35–37,5 horas semanales.
Asimismo, la limitación de 45 horas semanales se aplica en cómputo cuatrimestral, lo que permite que un médico, por necesidades del servicio, pueda realizar hasta cinco guardias obligatorias de 17 horas en una semana, equivalente a 85 horas, es decir, más de medio mes de trabajo de cualquier otra categoría. Además, la remuneración de estas guardias es inferior a la hora ordinaria; se consideran a efectos del IRPF, pero no se integran en la base de cotización para la jubilación, lo que supone una clara desventaja frente a otros profesionales.
Por otro lado, las guardias localizadas -para las que tradicionalmente no existe una regulación clara- quedan fuera del cómputo de la jornada laboral en este anteproyecto, de modo que el límite legal de horas trabajadas se vuelve inexistente, dejando al médico completamente desprotegido. Por todo ello, el anteproyecto no responde a las demandas del colectivo médico y no garantiza una jornada laboral justa y equitativa, una remuneración adecuada ni condiciones de trabajo sostenibles en comparación con otros colectivos del sistema sanitario.
S.- ¿Crees que la sociedad entiende realmente vuestras reivindicaciones o existe cierta confusión sobre lo que se está reclamando?
Es difícil comprender plenamente nuestras reivindicaciones sin un contacto directo con el colectivo médico. Sin embargo, existen representaciones parciales o manipuladas que buscan generar una percepción negativa hacia los médicos, debilitando cualquier intento de mejora laboral por parte de nuestro colectivo.
Por el contrario, cualquier persona que conozca de cerca las condiciones de trabajo del personal médico, ya sea a través de familiares, amigos o mediante un interés genuino por informarse, puede comprender rápidamente la justificación de nuestras demandas, ya que la evidencia sobre la sobrecarga y las dificultades laborales resulta contundente y difícil de negar.
S.- Entre las reivindicaciones destaca la reducción de la jornada y la regulación de las guardias. ¿Cómo afectan las guardias de 24 horas a la práctica médica y al rendimiento profesional?
Históricamente, las guardias podían justificarse como una forma de garantizar la presencia médica en casos de intervenciones inaplazables. Sin embargo, en la actualidad, las guardias se han transformado en tres turnos continuos de trabajo, haciendo prácticamente indistinguible la carga laboral de la mañana a la de la madrugada (20 horas de trabajo después).
En cualquier otro sector profesional, esta práctica sería considerada ilegal: las horas que exceden la jornada ordinaria se reconocen como horas extraordinarias, con pago superior a la hora ordinaria y siempre con límites establecidos. En el ámbito médico, esta situación se ha normalizado mediante un cambio de denominación, llamadas estas horas como “jornada complementaria” o “guardias”, lo que permite al sistema exigir un número indefinido de horas adicionales según las necesidades del servicio, y a un coste, como decía antes, inferior al de la hora ordinaria.
S.- ¿Puede un médico tomar decisiones clínicas con la misma precisión después de una guardia de 24 horas?
Cualquier actividad profesional que se prolonga durante 10, 15 o 24 horas de forma continuada entra en un terreno de fatiga incompatible con un rendimiento óptimo. Esto no es una opinión, es una evidencia. En medicina, esto deja de ser solo un problema laboral para convertirse en un problema de seguridad. La fatiga acumulada incrementa de forma clara el riesgo de errores clínicos y compromete la calidad de la atención.
Los médicos trabajamos con un alto nivel de responsabilidad y compromiso, pero precisamente por eso no se puede normalizar un modelo que nos sitúa en unas condiciones que en ningún otro ámbito crítico se considerarían aceptables. No estamos hablando de comodidad profesional, sino de seguridad del paciente.
Si de verdad queremos un sistema sanitario fiable, no podemos sostenerlo sobre jornadas extremas que, por definición, aumentan el riesgo. La seguridad no debería depender de la resistencia individual, sino de unas condiciones de trabajo adecuadas.
S.- Igual sucede con el número de pacientes por médico. Los médicos también insistís en limitar la carga asistencial. ¿Cómo influye el número de pacientes o pruebas en la calidad del diagnóstico y la atención?
El número de pacientes y pruebas que un médico atiende tiene un impacto directo en la calidad del diagnóstico y la atención. A medida que aumenta la carga asistencial, el tiempo disponible por paciente se reduce, lo que incrementa el riesgo de errores, retrasa la identificación de patologías y limita la capacidad de ofrecer una atención personalizada y segura.
Un sistema sanitario seguro y eficiente no puede sostenerse si los profesionales están obligados a atender un número excesivo de pacientes o pruebas, ya que la seguridad y la eficacia dependen tanto de la competencia del médico como de unas condiciones de trabajo razonables.
S.- Imagino que esa carga de trabajo tiene consecuencias. ¿Qué impacto tiene la actual presión asistencial en la salud física y mental de los profesionales sanitarios?
Las consecuencias del exceso de carga laboral sobre el médico están ampliamente documentadas en la literatura científica. En una revisión reciente que analizó más de 67 estudios y más de 16.000 médicos españoles, se observó que hasta uno de cada dos profesionales presenta síntomas de burnout, un trastorno derivado del estrés laboral crónico. Este síndrome se manifiesta mediante agotamiento físico y emocional, distanciamiento y frialdad hacia los pacientes, aislamiento, sensación de incompetencia, irritabilidad y disminución de la productividad.
Además, los médicos presentan un riesgo incrementado de otros trastornos psíquicos, consumo de sustancias (aproximadamente uno de cada dos consume benzodiacepinas) y casi el doble de riesgo de suicidio en comparación con la población general; alrededor de uno de cada cuatro ha experimentado ideas suicidas en algún momento. Tristemente, hace menos de un mes un compañero médico se quitó la vida.
La magnitud de esta problemática ha llevado a la creación del Programa PAIME, destinado específicamente a la atención de médicos con problemas de salud mental o de abuso de sustancias. Por ejemplo, el Colegio de Médicos de La Rioja informó que en la última década se ha multiplicado por siete el número de profesionales atendidos por este motivo en nuestra región, datos que pueden considerarse extrapolables a nivel nacional. Más allá del impacto sobre nuestra salud, que es evidente y grave, estos síntomas repercuten directamente en el desempeño laboral y, por extensión, en la seguridad y calidad de la atención que se ofrece a los pacientes.

S.- Otra de las reclamaciones es el fin de la movilidad forzosa entre servicios o centros. ¿En qué consiste exactamente esta situación y cómo afecta a los médicos? Imagino que también afecta a la confianza que los pacientes adquieren con su médico.
En el actual anteproyecto de ley, acordado por el Ministerio de Sanidad y los sindicatos del ámbito, se establece que el personal podrá ser destinado a centros situados fuera del ámbito previsto en su nombramiento, de acuerdo con las normas o planes de ordenación de recursos humanos de su servicio de salud. Aunque se señala que se dará prioridad a la voluntariedad, el traslado puede ser forzoso. Esta medida evidencia que, nuevamente, no se prioriza la conciliación, la estabilidad laboral ni la continuidad asistencial, elementos esenciales tanto para los profesionales como para la calidad del servicio prestado a los pacientes.
S.- ¿Existe suficiente estabilidad laboral para los médicos jóvenes o sigue predominando la temporalidad?
Actualmente, la formación médica en España implica seis años de grado universitario, seguidos de un año de preparación para el examen MIR, y posteriormente entre cuatro y cinco años como Médico Interno Residente en la especialidad elegida. Una vez completada la residencia y aprobada la especialidad, el profesional alcanza la condición de Facultativo Especialista de Área.
Tras aproximadamente 11 años de formación y experiencia, el acceso a un puesto estable no está garantizado. Los médicos se incorporan a bolsas de trabajo, en las que pueden encontrar empleos con jornadas parciales, duración limitada y renovaciones periódicas. En los últimos años se han realizado intentos de reducir parcialmente esta temporalidad; sin embargo, persisten dificultades significativas. Aunque la escasez creciente de facultativos ha hecho que algunas plazas vacantes se cubran más rápidamente y facilite el acceso a contratos de mayor duración, la inestabilidad laboral sigue siendo un problema relevante para el colectivo.
S.- Los médicos apuntáis en vuestras reivindicaciones que también buscáis mejorar la calidad asistencial. ¿Cómo se relacionan las condiciones laborales con la atención al paciente?
El principal responsable de una atención sanitaria eficiente y de calidad es el propio médico. Todo el sistema sanitario debería estar orientado a que los profesionales podamos desempeñar nuestro trabajo de la manera más óptima posible, para prevenir, diagnosticar y tratar las enfermedades de nuestros pacientes.
Las condiciones laborales inciden de manera directa en la atención sanitaria. Un médico fatigado, sobrecargado o con tiempo insuficiente para dedicar a cada paciente no puede desempeñar su labor de forma adecuada, y la calidad de su trabajo se ve comprometida. Las consecuencias de esta situación son ampliamente conocidas, especialmente entre quienes formamos parte del sistema, y los errores clínicos aumentan de forma significativa y proporcional a la sobrecarga laboral y el número de horas trabajadas.
S.- ¿Cree que aún hay margen para el diálogo y la negociación con la administración?
La representación de los médicos, a través de los sindicatos médicos y del comité de huelga, mantiene un objetivo claro: el diálogo y la búsqueda de acuerdos con la administración. La huelga se plantea como un instrumento para facilitar esa negociación, no como un fin en sí mismo. No obstante, desde la convocatoria de la huelga indefinida, no ha habido ningún llamamiento por parte del Ministerio para iniciar negociaciones o establecer un canal de diálogo efectivo.
S.- ¿Qué riesgos puede tener para el sistema sanitario mantener la situación actual si no se producen cambios estructurales?
Si persiste la inacción y la negligencia política respecto a nuestras condiciones laborales, el futuro de la sanidad pública se perfila preocupante.
Se estima que uno de cada cuatro médicos se jubilará en los próximos diez años. A ello se suma que aproximadamente 400 médicos se colegian fuera de España cada año, con una tendencia creciente, además de la migración hacia la sanidad privada. Esta “huida”, a pesar de que las condiciones laborales tampoco sean especialmente atractivas, se explica en gran medida, por la posibilidad de evitar jornadas de guardia de forma más sencilla.
En estas circunstancias, la capacidad de retener a las nuevas generaciones de médicos en la sanidad pública resulta prácticamente ilusoria. Además, a medida que disminuye el número de profesionales, la carga de trabajo de quienes permanecen se vuelve cada vez más inabarcable.
Otro riesgo creciente, ya señalado en denuncias por parte de sindicatos médicos, es la dilución de competencias profesionales. Se observa una tendencia a transferir funciones diagnósticas y terapéuticas propias del médico especialista -que requiere una formación de al menos once años- a otros colectivos sin la preparación específica, con los riesgos que ello conlleva para la seguridad y la calidad asistencial. Así lo ha manifestado en los últimos días la ministra respecto a la Ley de Ordenación de Profesionales Sanitarios (LOPS) y me parece un peligro. ¿Qué intereses hay detrás?
S.- Mucha gente contrata hoy en día sanidad privada…
No podemos olvidar que las empresas sanitarias privadas, como cualquier otra iniciativa empresarial, se gestionan en función de su rentabilidad y solo se sostienen -de forma simplificada- si los ingresos superan a los gastos. Hasta ahora, la sanidad privada ha podido ofrecer pólizas asequibles porque selecciona la atención más rentable, mientras que la sanidad pública cubría los casos más costosos.
Incluso los usuarios de la sanidad privada dependen de una sanidad pública fuerte y de calidad. Si la sanidad pública continuara su deterioro -con la fuga masiva de profesionales y el aumento de las listas de espera- y no pudiera atender de manera eficiente a aquellos pacientes clásicamente atendidos en la sanidad pública; es probable que la sanidad privada comenzase a asumirlas. Sin embargo, esto implicaría un aumento significativo del coste de los seguros, ya que se seguiría garantizando la rentabilidad en el ámbito privado.
En este escenario, muchas personas quedarían desprotegidas: no podrían acceder a la atención pública de calidad, ni costear la atención privada debido a los elevados precios.

S.- Desde tu experiencia, ¿qué medidas serían prioritarias para garantizar la sostenibilidad del sistema público de salud?
Cualquier medida destinada a retener a quienes sostienen el sistema sanitario, que debe abordar la precariedad laboral que actualmente afecta a los médicos y que está provocando su salida del sistema.
Entre estas medidas, resulta fundamental aprobar un estatuto propio del médico que nos permita negociar nuestras condiciones laborales de manera efectiva, tal como ocurre en el resto de países europeos y como existía en España antes de 2003. Contar con un estatuto diferenciado es imprescindible para garantizar la igualdad de derechos y condiciones respecto al resto de trabajadores.
Las principales demandas incluyen:
● Jornada laboral ordinaria en igualdad de condiciones con el resto de colectivos profesionales sanitarios.
● Salario base acorde con la formación y la responsabilidad profesional, tras más de once años de preparación y con un nivel de responsabilidad elevado.
● Cese de las jornadas de guardia prolongadas, por los riesgos que implican tanto para la salud del paciente como para la del profesional.
● Remuneración de las horas extraordinarias, considerando cualquier hora trabajada fuera del horario ordinario como hora extra, al igual que en otros sectores.
● Cómputo de las horas trabajadas para la vida laboral, asegurando que toda actividad profesional cuente para la jubilación y otros derechos laborales.
● Reconocimiento de la nocturnidad, con una compensación proporcional al trabajo realizado en horario nocturno.
● Reducción de la sobrecarga laboral y mayor tiempo disponible por paciente, para garantizar una atención de calidad, minimizar errores clínicos y preservar la salud del profesional.
● Disminuir la carga administrativa del médico, pudiendo orientar su labor a lo eminentemente clínico.
S.- Por cierto, ¿Por qué se hizo médica?
Es una pregunta difícil. En su día elegí la profesión médica con convicción, motivada por el deseo de ayudar a los demás. Probablemente, mirando hacia atrás, un cóctel de autoexigencia, empatía y necesidad de validación externa de mi yo adolescente influyó mucho en esa decisión. Son rasgos bastante comunes entre los médicos y, a menudo, dificultan que pongamos nuestros derechos y necesidades por encima de lo que asumimos como correcto: el trabajo, la dedicación y el compromiso constante con la atención a nuestros pacientes.
Por eso creo que es importante poner en valor el amplio seguimiento de esta huelga médica. Estoy convencida de que, para muchos de nosotros, la gravedad de la situación va más allá de nuestro bienestar individual, y precisamente por eso nuestras demandas deben ser escuchadas y consideradas seriamente
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