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{VIVIR / VIDA EN LA CIUDAD}

'La IA ha llegado para quedarse, pero desde el fotoperiodismo no podemos permitir que se use en nombre de la realidad'

OSCAR SOLORZANO ES EL PRESIDENTE DE LA ASOCIACI?N DE INFORMADORES GRAFICOS DE LA RIOJA

En una sociedad dominada por la imagen, los informadores gráficos, los fotoperiodistas, siguen siendo los ojos que documentan la realidad cotidiana. Desde una manifestación hasta un acontecimiento histórico o cotidiano, su trabajo construye una memoria visual que con el tiempo se convierte en parte de nuestra historia colectiva. En La Rioja, esta labor está representada por la Asociación de Informadores Gráficos de Prensa y Televisión de La Rioja (AiG), un colectivo que reúne a profesionales dedicados a capturar la actualidad con rigor, sensibilidad y compromiso informativo.

 

Al frente de la asociación se encuentra Óscar Solórzano, fotoperiodista en el Día de La Rioja y defensor del papel fundamental de la imagen en el periodismo actual. La Asociación ha celebrado en los meses de febrero y marzo su exposición anual, la entrega de la Insignia de Oro de la asociación -en esta ocasión a Xurco Lobato -conocido como el fotógrafo del Prestige- y la presentación de Anuario 2025. Conversamo con Óscar sobre el valor social del fotoperiodismo, los retos de la profesión en la era digital y el papel que desempeñan los informadores gráficos como cronistas visuales de nuestro tiempo./Javi Muro


SPOONFUL.- Exposición, Insignia de Oro de la Asociación, Anuario 2025, los meses de febrero y marzo son siempre de gran actividad para AiG. ¿Cómo lo llevas?

Bueno, es verdad que son días intensos, que hay bastante trabajo en los meses anteriores de preparación y coordinación, pero bueno, somos un gran equipo de gente muy experimentada que colabora en todo y sin ellos sería imposible llegar a todo. Lo cierto es que compaginar todos los actos con mi trabajo, suele complicarse, sobre todo los días importantes, en los que se entrega el premio de fotoperiodísmo del Parlamento de La Rioja, se hace la entrega de la Insignia, la inauguración de la exposición y demás. Generalmente los juntamos en dos o tres días para que el insigne pueda acudir a todo, así que en esas fechas empleo varios días de vacaciones para poder dedicarme al cien por cien a los actos de la AiG.

 

S.- Son también semanas de celebración de alguna manera, ¿NO?

Por supuesto, muchas actividades y dedicación desde primera hora de la mañana hasta la hora de meterse a la cama, pero es muy bonito representar a mis compañeros en esos actos que son una fiesta, nuestra fiesta. También aprovechamos para hacer una cena todos los asociados con la Insignia de Oro de cada año para celebrarlo.

 

S.- Y también de reivindicación de la profesión. Algo que siempre está presente en los objetivos de la Asociación. ¿Qué papel desempeña hoy la Asociación de Informadores Gráficos dentro del panorama mediático riojano?

Desde la AiG intentamos defender los derechos de los informadores gráficos, tanto laborales como los de derechos de imagen. También hacemos reuniones de trabajo con las autoridades pertinentes para que nos permitan hacer nuestro trabajo en las mejores condiciones y en las que les planteamos nuestras quejas y reivindicaciones que, tengo que reconocer, siempre nos reciben gustosos, nos escuchan y se muestran colaborativos en prácticamente todas las ocasiones.

 

S.- Hubo un tiempo en que el redactor era el principal protagonista de la noticia. ¿Crees que se ha alcanzado esa igualdad en que texto imagen son a partes iguales la esencia de las noticias?

Sin duda. Lo primero que ve un lector en un medio de comunicación es el titular y la imagen. Es lo primero que recibe y analiza, a partir de ahí si las dos cosas le resultan de su interés se leerá el resto de la noticia, pero el titular y la fotografía lo ven seguro, a partes iguales.

 

S.- AiG lleva décadas defendiendo la profesión y los derechos de los fotógrafos de prensa. ¿Continúa siendo necesario?, ¿Qué retos han marcado su evolución desde su creación? ¿Y qué retos faltan por hacerse realidad?

Siempre será necesaria. La expereiencia nos demuestra que siempre hay cuestiones que reivindicar en nuestra profesión. En los inicios, las reivindicaciones se referían sobre todo a condiciones laborales, por las que aún se lucha aunque se hayan producido mejoras. Por ejemplo, cuando yo empecé a trabajar hace unos 20 años, solo el 15-20% de los fotógrafos tenían un contrato laboral en esta comunidad, hoy somos casi el 40-50%, no es perfecto, pero es mejor que hace dos décadas. 

 

A día de hoy los retos más importantes han pasado a ser el intrusismo laboral, desde que cada persona lleva una cámara en el bolsillo, o la inteligencia artificial que, mal empleada, devalúa nuestra credibilidad y la de todos los medios de comunicación.

 

S.- ¿Qué importancia tiene trabajar de forma colectiva desde la asociación?

Cuantos más asociados seamos más credibilidad y fuerza tenemos a la hora de actuar ante un estamento o un medio en defensa de un un compañero o de todos en conjunto. Nunca será lo mismo protestar uno solo que hacerlo todos como colectivo unido. Actuar juntos nos permite también mostrarnos como un grupo que se esfuerza en mejorar, en  poner en valor un trabajo que es útil para la sociedad, como hacemos a través de la exposición y el anuario que, desde hace 33 años, convierte la fotografía de prensa en un patrimonio de todos. Para nosotros es muy importante que el público sienta que lo que hacemos es importante para él y muy necesario en cualquier sociedad democrática. Más aún, allí donde se quiera limitar ciertas libertades.

 

S.- Hilando con una pregunta anterior, ¿qué puede contar una fotografía que a veces no logra un texto?

Si me permites caer en los tópicos, una imagen vale más que mil palabras, pero eso no es del todo cierto. Un suceso, bajo mi punto de vista, se puede contar mejor desde una imagen, la gente ve lo que ha sucedido, y si es en vídeo, además sumas el movimiento, pero en una entrevista, por ejemplo, no podemos expresar lo que pasa por la cabeza de un entrevistado, aunque sí podemos acompañar y ambientar ese texto para que a la gente le resulte más interesante. Todo tiene su espacio. Lo que siempre da una fotografía es un contexto inmediato de lo ocurrido que sitúa a la audiencia y un plus de veracidad a lo que se está contando.

 

S.- ¿Crees que el lector de prensa y el espectador de medios audiovisuales es consciente del valor documental y social del fotoperiodismo?

Yo creo que sí, tengo conocimiento de mucha gente que guarda recortes de periódicos con imágenes como su propio archivo histórico y, ni qué decir tiene, el anuario de la AiG, que como decía llevamos 33 años editando, es un testimonio documental que cuenta de primera mano lo que ha pasado en esta comunidad en las últimas tres décadas. Si la gente no valorara eso, es probable que no pudiéramos seguir haciéndolo, pero no hay duda de que el público sí que es consciente de ello.

 

S.- ¿Hasta qué punto el informador gráfico, el fotoperiodista, se convierte también en un cronista de la historia de su tiempo? ¿Una civilización futura conocerá cómo era la sociedad a través de los anuarios de AiG?

Ahora conocemos la sociedad de hace siglos gracias a los cronistas, los escritores y los pintores, pero es porque ¡¡¡no había cámaras de fotos!!! Si la fotografía se hubiera inventado en el siglo XV, seguramente hubiera habido un fotógrafo en el viaje de Colón. Estoy absolutamente seguro que, dentro de varios siglos, cuando quieran saber cómo éramos o cómo vivíamos, se recurrirá a la fotografía y al vídeo, vamos, al trabajo de los reporteros gráficos.

S.- ¿Cómo es el día a día de un fotógrafo de prensa en una comunidad como La Rioja?

Pues recibes las previsiones el día anterior y te panificas las horas. Luego realizas las tomas, unas a horas concretas, hay ruedas de prensa o actos que no esperan por que tu llegues tarde y otras que se hacen cuando tienes huecos libres, por ejemplo fotos de recurso de edificios, solares o gente paseando por la calle. Casi siempre, justo después del momento de la toma, tienes que enviar una fotografía rápida para las páginas de internet: la inmediatez manda bastante ahora. Luego, cuando llegas a la redacción, empieza el trabajo en el ordenador, en el que seleccionas las fotografías más destacadas de cada tema, las retocas un poco de luz y color y buscas el mejor encuadre. Hay que puntualizar que nosotros no hacemos retoque fotográfico como quitar arrugas y esas cosas, porque perderíamos credibilidad y esa es la base de nuestro trabajo. Luego llega una parte importantísima, que es la documentación. Tenemos que poner un texto que luego nos ayude a localizarla entre las miles de imágenes que tenemos cada uno. Por último, el envío de las fotos, generalmente subiéndolas al gestor de imágenes de nuestro medio. Aunque en mi caso, que también soy el editor de mi periódico, me quedaría aun elegir las fotografías, encuadrarlas según la maqueta y corregirlas para imprenta. Y vuelta a empezar.

 

S.- ¿Qué cualidades debe tener hoy un buen informador gráfico?

La propia palabra lo dice, tiene que ser capaz de informar de la mejor manera posible, con la mayor cantidad de información posible y con la mayor calidad plástica posible. Y sobre todo ser versátil. Un día, hablando con otros fotógrafos que no habían trabajado en prensa, les comentaba que un informador gráfico tiene que saber hacer buenas fotografías de deporte, de entrevista, de arquitectura, de naturaleza, de retrato, de reportaje social, de empresa… prácticamente no hay una modalidad de fotografía que no toquemos a diario, no tienes que ser el mejor en todas las modalidades, pero sí tienes que ser bueno en todas y cada una de ellas.

 

S.- ¿Cuál es la mayor dificultad de este oficio actualmente?

Para mí, las legalidades. Hoy en día tenemos limitaciones para fotografiar muchas cosas, seguramente los menores sean el ejemplo más claro y justificado, pero también tenemos que tener en cuenta las cosas que podemos y no podemos fotografiar, incluso en algunos casos desde dónde podemos y desde dónde no hacer una fotografía. Y también ahora hay un exceso de celo por parte de organismos y empresas para controlar las imágenes que se publican que nos limitan bastante. Ese ‘esto puedes y esto no’ con el que nos estamos acostumbrando a convivir y que en ocasiones choca frontalmente con la libertad de prensa.

 

S.- Las redes sociales han cambiado radicalmente el consumo de imágenes. ¿Cómo afecta esto al trabajo del fotoperiodista?

Bueno, si que es cierto que ahora la gente se ha acostumbrado a mirar cientos de fotografías cada día, y eso tiene cosas buenas y cosas malas. Una de las buenas es que la gente esta aprendiendo a leer mejor las imágenes y a saber diferenciar una imagen buena de una mala con mayor rapidez, pero la peor parte sea seguramente esa, la rapidez con la que consumimos todo ahora. Ya no nos detenemos a disfrutar de una buena imagen, ni de un texto, y eso nos hace perder valor tanto a los gráficos como a los periodistas.

 

S.- ¿Existe hoy más competencia o más oportunidades para los fotógrafos?

Evidentemente, competencia hay mucha más y, en muchos casos, desleal. Como he dicho antes, todos llevamos una cámara en el bolsillo, así que hoy es prácticamente imposible que seamos los primeros en llegar a un acontecimiento. Hoy ser el único en tener imágenes de algo es prácticamente imposible, así que no nos queda más que mejorar en la calidad para diferenciarnos por ese camino.

S.- La inteligencia artificial ya genera imágenes. ¿Supone una amenaza o un reto para el fotoperiodismo?

La IA ha llegado para quedarse, así que no podemos hacer otra cosa que convivir con ella, pero no podemos permitir que se use en nombre de la realidad. Una imagen de IA no es real, una imagen de un reportero gráfico sí que lo es. Lo que nos toca es exigir que si una imagen está creada por inteligencia artificial se especifique, para no engañar al lector y también para mantener la credibilidad de los medios de comunicación.

 

S.- ¿Cómo ves el futuro del fotoperiodismo en los próximos años?

Complicado. Ya empezamos a ver el famoso ejemplo del ‘reportero multimedia’ que escribe, hace fotografías y edita vídeos, y es muy complicado hacer las tres cosas a la vez y encima bien. Si que es verdad que las tecnologías nos han facilitado el trabajo, sobre todo con la llegada del digital, pero tampoco podemos caer en el error de intentar abarcar más de lo que debiéramos y en nuestra mano está oponernos a que nos lo exijan. Y hablando de nuevas tecnologías, eso marcará el futuro sin duda. Ya tenemos cámaras en gafas y quien sabe en lo que estarán trabajando los desarrolladores para los próximos 10 ó 15 años...

 

S.- ¿Qué se debería hacer para proteger la profesión y su credibilidad?

Sobre todo, obligar a los medios a poner la firma de la autoría de las fotos. Un cuadro pintado por un artista de renombre vale mucho más que una imitación de la misma calidad realizado por un copista. Pues lo mismo pasa con la veracidad de nuestras imágenes. Nuestra firma es nuestra credibilidad y una garantía de veracidad a la que el público puede agarrarse si no quiere que se la den con queso.

 

S.- Por cierto, ¿cómo comenzó tu vocación con la fotografía?

Pues con 16 años ví una fotografía de Chema Madoz y pensé: ‘esto quiero hacer yo toda mi vida’.  Tras estudiar fotografía artística en Huesca, me salió la posibilidad de trabajar en una revista, luego en un diario...  Ahí me dí cuenta que eso era lo mío. El estar en todos los sitios, que cada día sea diferente, el ilustrar la realidad con mi cámara, eso me encantaba y me sigue haciendo disfrutar de mi profesión todos los días.

 

S.- ¿Qué te enseñó la calle y el trabajo diario como fotoperiodista que no se aprende en una escuela?

El trato con las personas, saber como hacer que se sientan cómodas con una cámara apuntándoles, saber en que momento disparar y en que momento guardar la cámara. Eso no te lo puede enseñar ningún profesor.

 

S.- Si tuvieras que definir el fotoperiodismo en una sola frase, ¿cuál sería?

Evidentemente tiene que tener las palabras ‘informar’, ‘noticia’ y ‘fotografía’ así que podría ser algo así:  ‘Profesión que utiliza la fotografía para informar de los hechos noticiables’. 

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