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{CULTURA / LIBROS}

'Los dibujantes de cómic son precursores del exilio cultural'

El dibujante Pedro Espinosa regresa a la novela gráfica con 'KMM'

Pedro Espinosa ha regresado al cómic con ‘KMM’, la adaptación de la exitosa serie de la televisión catalana. El autor de reconocidas novelas gráficas como ‘Loco’ y dibujante también del álbum ‘El Sitio de Logroño’ levantó, por un tiempo, el lápiz de las ilustraciones, el humor gráfico y las caricaturas en las que ahora ocupa sus trazos para dar vida sobre el papel a Kubala, Moreno y Manchón, los tres personajes principales, junto a Barcelona, de la historia. “Es un capítulo nuevo, una historia nueva –explica-, no es un resumen de las temporadas emitidas en televisión”. Espinosa vivió los años dorados del comic en España y publicó en las mejores revistas del momento, desde Comix Internacional, a Cairo, desde Cimoc a 1984, de Madrid a El Jueves. Habla de un sueño cumplido. Ahora, ve el cómic con unas posibilidades enormes a nivel creativo, “lo difícil es vivir de ello”./Javi Muro


S.- ¿Qué no es encontramos en tu nuevo trabajo en el mundo del cómic, ‘KMM’?

‘Kubala, Moreno i Manchón’ es una adaptación de una serie de televisión catalana, que se llama así ‘Kubala, Moreno i Manchón’ (KMM). Son tres detectives que trabajan en una agencia e investigan casos. La tercera temporada se estrenó hace tres semanas y presentamos el libro dos días antes. El libro ha sido un refuerzo y, al mismo tiempo, un producto distinto. La editorial quería hacer un cómic y lo primero que hicieron es buscar un guionista, el elegido fue uno de los que ya trabajan en la serie de televisión. La serie tiene bastante éxito en la televisión catalana, con actores bastante conocidos. En principio, el ámbito es propio. Ocurre igual con el cómic, Barcelona es un tierra donde gusta mucho el cómic y decidieron poner en marcha este proyecto. Me hicieron una propuesta y acepté. Este cómic es como un capítulo aparte.


S.- No recoge una historia ya contada en la serie, sino un caso nuevo…

Así es. Son ya 39 capítulos los emitidos. ¿Cómo haces un resumen o los integras todos en un solo relato. Jordi Martínez, uno de los protagonistas de la serie, dice que es el capítulo 40. Hemos planteado una historia nueva, un nuevo capítulo.


S.- ¿Cómo es el trabajo de adaptación de una serie de televisión, de unos personajes que ya existen al papel?

Claro, los personajes ya tienen una personalidad. Hasta la ficción más ficción tiene una base documental y hay una serie de recursos de los que tienes que tirar. Hay muchos personajes, pero creo que son cuatro los protagonistas, los detectives y Barcelona. Creo que la ciudad es una protagonista esencial. Es importante el ambiente y los escenarios a la hora de contar una historias y en ‘KMM’ pasa eso, creo que parte de su éxito se fundamenta en que la gente se identifica con los lugares que ve y en los que ocurren las cosas. Eso lo hemos trasladado al cómic y lleva un trabajo detenido. Un trabajo que se realiza después de contar con el guión, que es de Sergi Portabella. Lo que hice fue empaparme de la serie viendo unos cuantos capítulos, empezar a realizar bocetos de los personajes y también de Barcelona, que me la conozco como si fuera Logroño. Una vez captado eso, pues comienzas a trabajar siguiendo el guión.


S.- ¿Cómo te inicias en el dibujo, en la ilustración, en el cómic?

Es un sueño de adolescente que se ha cumplido.


S.- Desde crío estabas ya emborronando papales…

Sí. Sí. Siempre estaba dibujando. Estudiando en Maristas, recuerdo que llegó a mí un cómic que contaba las aventuras de un súper héroe que era misionero o algo así, que iba de misiones y salvaba a los negritos y salvaba al mundo. Tengo ese recuerdo y creo que fue entonces cuando dije que quería dibujar, hacer cómic. Con catorce o quince años ya empecé a dibujar tebeos. Es la época que aquí en Logroño nos juntábamos gente –grupos de amigos- para hacer música, teatro o tebeos, ni siquiera existían las tiendas de fotocopias. Luego ya me lo tomo en serio, me preparo y comienzo a mandar cosas fueras.
S.- ¿Qué cómics eran los que te gustaban en aquella época?

Leía un poco de todo. Me gustaba todo. Los clásicos, claro, Tintín y Asterix, pero también todo lo de Bruguera, todo lo de Editorial Valenciana… toda la paga me la gastaba en tebeos. Luego comenzaron a llegar los súper héroes con la editorial Vértice, aquellos formatos cutres que decimos, pero que en la época no sabías que el original era a página completa y a color. Después llega el cómic adulto. Pero es que además llega en el momento en que yo estoy empezando en serio; de alguna manera, el sueño crece conmigo.


S.- Los diferentes cómics a los que te acercas, los estilos que vas descubriendo, ¿van creando influencias en ti?

Sí, claro. Además, había una forma relativamente económica de leer para la época –luego se encareció-, que eran las revistas mensuales. Ahora, salvo El Jueves ya no quedan. Había una serie de revistas que a mí me gustaban mucho.


S.- ¿Recuerdas tus primeros trabajos publicados?

Lo primero que me publican y me pagan fue en una revista que se llama Cicerone Riojano. Fue una página completa sobre un personaje que se llamaba LIV, una especie de hippy, una especie de Gastón el gafe, le pasaban cosas raras. Después, me publicaron en una revista que editaba la Galería de Arte Berruet y también en una revista promocional de Ibercaja. Además de publicar tenías que vivir de ello y como iba teniendo suerte pues iba pensando que a lo mejor había que intentar publicar fuera.


S.- En ese camino, ¿qué supuso el cómic ‘El Sitio de Logroño’?

Pues… en su momento… supuso muchas cosas. Estaba ya queriendo marcharme de Logroño y probar la aventura fuera. Fue entonces cuando surgió esa oportunidad. Recuerdo que se celebraba la Semana del Cómic de La Rioja, era un gran momento para el cómic, no estabas sólo en el desierto, la gente te animaba y te alentaba. En ese escenario, Miguel Ángel Ropero, que era concejal en ese momento, me propuso realizar el cómic de ‘El Sitio de Logroño’. Fue como el corredor que llega a correr un maratón, primero vas corriendo poquito y poco a poco… en el cómic igual. Siempre digo que es mejor empezar poquito a poquito y no lanzarse a dibujar mil páginas de golpe y luego abandonar y no volver a hacer nunca nada. Aquello fue una prueba de fuego. No lo había hecho nunca y no se había hecho nunca en Logroño.
S.- ¿Te sirvió después ‘El Sitio de Logroño’ como álbum de presentación o fue más un trabajo para darte a conocer aquí?

Me sirvió para trabajar en otro tipo de estilo. ‘El sitio de Logroño’ es un obra comercial entre comillas, divertido, que llega a un gran público, con un función de entretenimiento. Creo en los proyectos que se sustentan en el entretenimiento, pero también me gustaba –y me gusta- indagar en las profundidades, la poesía… Pasé de hacer ‘El sitio de Logroño’ a un año después realizar una obra experimental, sin palabras, publicada en una revista en Barcelona. Era lo que me apetecía hacer y era completamente distinto. Entonces, sí que ‘El sitio de Logroño’ me sirvió como bagaje, pero es como si hiciera Torrente para luego rodar una de Lars Von Trier. Son públicos distintos. Me sirvió para pintar, para narrar, me sirvió para aprender los tiempos…


S.- Ya habías decidido marchar fuera de Logroño. Es entonces cuando te trasladas a Barcelona, ¿no? ¿Para escribir a Madrid, para hacer cómic a Barcelona?

No lo sé, entonces no había otra cosa. Además, no había editoriales en Madrid. Estaba Nueva Frontera, que editaba ‘Totem’, pero era la única y no tenía producción propia, reeditaba casi todo cosas de fuera. Luego salió la revista ‘Madrid’, pero duró sólo tres años, en la que publiqué esa obra mía más experimental. En Barcelona ha habido, en ese sentido, cabida para las dos cosas, para lo experimental y para lo comercial o, si prefieres, para lo que demandaba el gran público.


S.- ¿Cómo fue la aventura en Barcelona?

Estupenda. Sí, sí, cumplí mi sueño. Son los años ochenta y publiqué en varias revistas ‘Comix Internacional’, ‘Cimoc’, ‘Cairo’, paso allí un año y luego me vuelvo a Logroño. Paso aquí dos o tres años trabajando, aunque sigo publicando allí. Mi vida ha sido siempre así, estar y publicar en Barcelona, estando allí donde pasan las cosas, luego regresé e intenté hacer el trabajo desde aquí. Durante un tiempo la cosa fue bien, pero después dejó de funcionar y volví a marchar para Barcelona. En esa etapa, dejé prácticamente de hacer cómics publicados. Hablo de finales de los noventa hasta ahora y me reciclo en ilustrador de prensa, de libros y editoriales, realizó monográficos, caricaturas. Sigo haciendo cómic, pero no buscando su publicación, en principio. Hasta que me ha llegado el encargo de KMM, así, un poco de rebote.


S.- ¿Hablas de un sueño cumplido?

Sí, los años ochenta fueron cumplir sueños y desengañarte de sueños también. Estábamos ilusionados con muchas cosas en este país en aquellos años. Había un burbuja cultura que explotó, en los noventa hubo otra burbuja y ahora hemos visto explotar otra, entonces, claro, parece que estemos todavía tratando de despertar de sueños. Los dibujantes de cómics, en cierto sentido, fueron precursores del exilio, es lo que está pasando ahora con científicos. De hecho, entonces había que ir fuera para poder vivir de esto. Ahora, en el cómic, salvo alguna gente que sigue dibujando en El Jueves, la mayoría están trabajando fuera.
S.- Comentabas antes algunas de las revistas en las que has publicado… Cairo, Comix Internacional, 1984, Cimoc, El Jueves… fue una época de trabajar en infinidad de publicaciones…

Sí, trabajaba todo lo que podía. No publicaba en todas al mismo tiempo, sino consecutivamente. La primera en la que publiqué fue en Comix Internacional; luego estuve un tiempo en 1984, pasé después por Cimoc y Cairo. Más tarde, en la revista Madrid… Después, las revistas comienzan a cerrar, comienza el declive de estas publicaciones alrededor de los años 84 y 85, se encarece el papel, empiezan a no vender tanto. Entre el 85 y 86 desaparecen tres o cuatro y luego ya poco a poco, prácticamente, todas. A finales de los ochenta creo que ya queda Cimoc, Víbora y El Jueves. Yo es que llegué tarde, yo comencé a publicar en los años 79 y 80.


S.- Imagino que cada revista solicita temas diferentes y tú tienes un estilo, que es tu firma ¿no?

¿Estilo?, estilos, más bien. No es que siempre te llamaran las revistas. A veces, tú tenías algo hecho y lo ofrecías a las publicaciones, buscando la revista a la que mejor se adaptara. En otros casos te llamaban. Por ejemplo, en El Jueves. Recuerdo que compartía estudio en Barcelona con Sempere –otro dibujante- y llegó Azagra por allá y nos dijo en El Jueves necesitan gente.


S.- Hablabas antes también, de la época dedicada al humor gráfico en prensa… Otra forma de entender el dibujo, la ilustración, en la que tienes que hilar más con la actualidad, ¿no?

Sí, totalmente. Son territorios distintos. En cómic también puedes hilar con la actualidad, pero en prensa es diferente. Lo que he hecho, principalmente, ha sido humor gráfico y caricatura y, claro, sí que estás muy implicado en la actualidad. El cómic es un poco más externo o exento y en el humor gráfico puedes hacer un poco de todo, tiene una parte de ilustración más conceptual y llegas a la actualidad de una forma simbólica.


S.- Y ahora, desde hace un tiempo, también desarrollas una labor docente…

Sí. Es compartir lo que haces, lo que sabes, con los demás y ayudar a descubrirlo. En los primeros talleres que impartí en Logroño –no tenía muy claro que quisiera ser profesor- me di cuenta de lo bien que me lo pasaba, de que disfrutaba enseñando. Hay que tener en cuenta que el trabajo de dibujante es muy solitario y entonces comprobé que está bien compartir con los demás. En España, la forma de producir cómic es muy individualistas, somos muy individualistas; a penas hay parejas de guionista, entintador y dibujante, como en otros lugares. En otros sitios hay un proceso de producción y en esos casos trabajas en equipo y estás relacionado con el equipo. A veces, en los cursos, intento reproducir esas situaciones. Les digo a los alumnos tú haces esto, tu esto otro y tu esta otra parte del proceso. La creación artística del comic no tiene porque ser sólo un trabajo individual, también puede hacerse en equipo. Es así como entiendo la docencia, compartiendo con los demás lo que te gusta.
S.- Hablabas de guión y dibujo, partes esenciales que incluso en tu serie ‘Loco’, en la que no había palabras existía un guión previo, ¿no?

Por supuesto.

 

S.- ¿Cómo te has encontrado más cómodo trabajando de forma individual o compartiendo el proyecto con un guionista? Has realizado series de ambas maneras, ¿no?

Hombre… es que es completamente distinto. Cuando lo haces de forma individual, tú te lo guisas y tú te lo comes. La parte de trabajar contigo mismo es muy interesante, lo puedes hacer bien o lo puedes hacer mal, pero tarde o temprano necesitas contrastarlo con lo de fuera. Lo que ocurre es que te encuentras gente en la profesión, en la escuela, que ha estado jugando a escribir o dibujar, yo jugaba a las dos cosas. Yo tenía amigos que me contaban cosas y yo las dibujaba y otras veces dibujaba lo mío, mis historias. Lo que quiero decir es que son juegos distintos, jugar a frontón o jugar a tenis, son juegos distintos. A veces no necesitas a nadie, juegas en el frontón tu sólo; y otras precisas de compañía para jugar. ¿Qué pasa en el trabajo en equipo? Pues que como no seas un tipo con carácter se desvirtúa la historia. Si tienes carácter y tienes claro lo que quieres y lo llevas a buen puerto, entonces, es casi como si trabajaras sólo. Creo que lo importante es la autoría, si tú te sientes autor de lo que estás haciendo. Hay veces que los guionistas te dan tal libertad que te sientes autor de la historia. De hecho, un guión, por muy bueno que sea, si no se visualiza nunca será un cómic.


S.- El cómic, la novela gráfica, resultan muy cinematográficos… siguiendo con el símil, ¿El dibujante es el directo y los actores de un cómic?

Sí, el dibujante es el director, el actor, los escenarios e, incluso, producción. Todo. El dibujante los hace todo. Es el que monta los escenarios, el que decide si se contrata un avión o no, si se contratan extras, cuántos entran en cada escena…, eres el director de todo, el cámara, el responsable de la fotografía, haces las labores de script…


S.- Hablábamos antes ya de tu serie ‘Loco’, que fue muy aplaudida por la crítica por su originalidad, un personaje peculiar…

Al principio se editó como serie en Comix Internacional. Después realicé más capítulos pero no llegaron a publicarse. Dejé que el personaje durmiera y durmió mucho, hasta que en 2005 la editorial Astiberri lo publicó en forma de álbum. Fue también una obra realizada al principio de mi carrera y regresó a la idea de cumplir un sueño. Quizá fuera lo que más me ha gustado hacer. Era una obra muy experimental, muy difícil y trabajar por ese territorio resulta complicado. Andaba por un camino en el que es probable que el personaje hubiera acabado conmigo porque no hubiera podido vivir de ello. Podía haber vivido con ello, pero no de ello.
S.- Ahora, ¿cómo ves el mundo del cómic, de la novela gráfica?

¡Uf! Con unas posibilidades enormes. A nivel creativo con más posibilidades que nunca, las mentalidades son muy abiertas, y las editoriales también. Ahora, lo más difícil es vivir de ello. En los años ochenta, todos queríamos vivir del cómic y durante un tiempo lo conseguimos. Aquí en España, ahora, puedes realizar el cómic que quieras siempre y cuando no tengas el objetivo de vivir de tus dibujos. Para vivir del cómic tienes que buscarte alternativas o bien, marcharte fuera, a Francia, a Estados Unidos… También, puedes compaginar con el trabajo de ilustrador en prensa o en publicidad y, al mismo tiempo, ir haciendo tus cosas. Hay que insistir y venderte. Hay más libertad que nunca pero es más complicado vivir del cómic, solamente del cómic. Empiezas a poder vivir de ello cuando vendes fuera, aunque sigas trabajando aquí. Además, ahora está internet que abre también mucho las posibilidades.


S.- ¿Crees que el cómic es el patito feo de la cultura en cuanto a consideración desde el punto de vista de la Educación? Ha tenido su influencia cultural a lo largo del siglo XX, ¿no?

Hay que tener en cuenta que la ilustración, que podemos tenerla como la hermana cercana del cómic, hasta hace diez años no existía dentro del programa de Artes en las Enseñanzas Regladas. Ahora, sí. Poco, es cierto, e incuso hay intentos de volver atrás y quitarla. Estamos en España, aquí los franceses no ganaron, la Ilustración no ganó, hemos sido anti ilustrados. Es cierto, que cada vez más se introducen esas materias. Hay que reconocer que ahora, hay como nunca docencia en ilustración y cómic en España. Privada, eso sí. En lo institucional hubo algún intento, pero está como parado. Se puede enseñar el cómic como técnica, pero también como herramienta narrativa docente para explicar historias de otras asignaturas o materias. Ahora bien, para mí es poco lo que hay.


S.- ¿Qué has leído últimamente que te haya gustado?

Estoy leyendo la novela de Paco Roca, ‘Los surcos del azar’, que me está gustando. También, una historia, ‘Pinocchio’, de Winshluss, un autor francés, que me ha encantado. Es muy undergrown, toda muda, sin palabras. También me estoy leyendo las historias de un dibujante norteamericano, Gary Snyder. Hasta el momento sólo lo puedo seguir por internet. También, un tipo peculiar. Y también leo mucho últimamente a Max. Ahora, estoy también muy pendiente de la ilustración, del trabajo de los ilustradores. Aquí, en Logroño, admiro mucho a José María Lema. Que a alguien lo conozcan más en Corea que en su propia tierra me parece un atraso.





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